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Carlos Manrique Carreño es uno de los hombres más odiados del país. Fuentes bien informadas aseguraron que su cabeza tenía precio en el penal, pero se salvó y vivió como rey, porque devolvió sol por sol y con intereses los ahorros de varios familiares de los 'taitas'. Sólo así fue cuidado y hasta le pusieron una 'escuelita' en la cárcel. Lo que los pobres no le perdonan es que cuando estaba en la clandestinidad, el sinvergüenza le devolvía su dinero a generales, familiares del gobierno, artistas de la tele, como una 'Reina del mediodía'. Recuerdo que este Búho trabajaba en una revista que hoy yace en el cementerio de papel. Allí un colega, un brillante investigador e historiador, tenía 10 mil dólares a plazo fijo, sus ahorros de toda la vida. Mientras nos íbamos caminando de Barranco a Miraflores, a la salida del diario, le decía: '¿Por qué no te compras un carro, en lugar de tirar planchazo? El periodista ponía cara de angustia. '¡Jamás! Me están dando unos intereses extraordinarios, que de aquí a cinco meses recupero lo que puse a plazo fijo, ¡imagínate!' Lo que no sabía mi pobre amigo, gran investigador en historia, pero neófito en economía, es que la 'pirámide' que creó Manrique, efectivamente, hacía creer a los incautos que los intereses iban a durar toda la vida. ¡Nada más falso!. Los primeros 'claeístas' sí pudieron recuperar su inversión, pero muy pocos sacaron su dinero, pues la mayoría renovó el plazo fijo y allí perdieron todo. Como la pirámide funcionaba, miles se lanzaron a colocar sus ahorros. Manrique no sabía dónde poner tanto dinero. Fue allí cuando la Superintendencia se dio cuenta de que con los intereses que prometía el 'mecedor', esa financiera iba a colapsar. Es falso que el gobierno intervino para perjudicarlo. Él ya estaba sacando dinero de sus locales. ¿Cómo acabó en la paradisíaca Aruba con su 'pantalla', perdón, esposa? Mi amigo periodista no sólo perdió su dinero, sino también la razón. Llegaba a la oficina gritando '¡Clae home center, Clae home center!', todo el día. El director, el gordo Juan Carlos, pese a ser psicólogo, tuvo que despedirlo. Sé que mi colega ya se recuperó, pero Manrique no. Sigue estafando y volvió a las andadas. No respeta a los que murieron por su culpa. Apago el televisor.
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