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'Pequeños dictadores' es un libro escrito por el periodista Luis Felipe Gamarra. El autor, en un acto de audaz sacrificio, destapó el maloliente excusado donde flotaban los más siniestros y corruptos personajes de la dictadura fujimorista y seleccionó a algunos para retratar sus sórdidas historias de corrupción y abuso de poder: el 'General victorioso', Nicolás Hermoza Ríos, Blanca Nélida Colán, Santiago Martin Rivas y Laura Bozzo son retratados con todas sus miserias conocidas y otras ocultas. La sorpresa es que en el libro hay un capítulo dedicado al periodista Alejandro Guerrero. En el texto, el 'Barbón' es sindicado como un periodista al servicio del siniestro asesor jefe del SIN. Se consigna una entrevista a Güido Lombardi, quien le confiesa a Gamarra: 'Guerrero era el que llevaba las botellas de etiqueta azul a Montesinos en su cumpleaños, estaba claro que ya tenían un trato'. También da cuenta de un terrible episodio para el fiel empleado de 'Papaúpa': 'Guerrero, ligeramente borracho, interpeló a Genaro (Delgado Parker) en público. (...) Genaro, quizá avergonzado, se retiró hasta su Mercedes. Desde allí, antes de subir y como una delirante parodia de la Roma de los césares, le bajó el dedo pulgar a Guerrero. Luego, sus hombres de seguridad le reventaron la nariz a puñetazos'. Esa noche, el periodista fue internado de emergencia en la clínica 'Ricardo Palma' y, días más tarde, retornó a Panamericana a trabajar con el rostro levemente deformado' (p. 89). Esta historia le fue corroborada al autor por Roberto Reátegui y Mónica Delta, quienes visitaron al periodista en su lecho de abollado. Gamarra relata que el general Hermoza, siendo capitán, le quitó la mujer a su primo hermano, el suboficial Máximo Ríos Lozano. Juana Quiroz Bocanegra abandonó a su esposo, llevándose a su hija de dos años. La pequeña pasó a vivir en el nuevo hogar de su madre con el 'partidor'. A los 16 años se fue de casa al salir embarazada de un hombre mayor que después la abandonó. 'Pese a sus necesidades, juró nunca más regresar a la casa de su padrastro, quien nunca la trató como una hija'. Cuando Hermoza se convirtió en el poderoso 'General victorioso', su hijastra reapareció y le pidió ayuda por intermedio de su madre. El general le hizo llegar más de 170 mil dólares. De la noche a la mañana pasó a tener varias casas, carro del año, hasta una cevichería. Al caer la desgracia al corrupto militar, la arrastró a ella también y fue acusada por enriquecimiento ilícito. 'Yo sabía que el dinero era de procedencia ilícita', le dijo a los magistrados (...). Yo le acepté a mi 'tío' como una compensación por las cosas que me hizo vivir', dijo finalmente Roxana entre lágrimas. Nunca explicó qué cosas le hizo vivir el general, pero preguntárselo hubiera sido en vano: aquel capítulo lo tenía cerrado como un libro que se tira al fuego para poder olvidarlo' (pág. 42). Al final, el general acabó en la cárcel y su resentida hijastra fue despojada de todas sus propiedades mal habidas. Un libro básico en estos tiempos de juzgamiento del corrupto mayor: Alberto Fujimori. Apago el televisor.
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