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Me piden que reproduzca algunas otras 'perlitas' del libro 'Pequeños detractores' de Luis Felipe Gamarra. Destapar el pestífero water, donde flotan los tristemente célebres personajes del cogollo de la corrupción montesinista, no debió ser tarea agradable, pero para eso está el periodista. El libro contiene una investigación de Juan Manuel Robles sobre la controvertida Laura Bozzo. Hay verdaderas bombas que harían estallar por los aires a su pelucón Cristian Suárez. Cuando Laura fue elegida concejal de Lima, en la lista de Luis Cáceres, terminó trabajando en el área legal del alcalde Ricardo Belmont. Allí protagonizó un verdadero escándalo. Un concejal la denunció, en sesión de consejo, de un hecho vergonzoso: 'El regidor que suscribe tiene en su poder un recibo que demuestra que la doctora Laura Bozzo y el regidor Enrique Labarthe se han alojado en el hotel Crillón con dinero del municipio' (...). En ese momento hubo un ambiente de tensión. Por aquel entonces, Laura todavía estaba casada con el doctor Mario La Fuente, un hombre correcto y sobrio con quien tenía dos hijas (...) ahora venía un regidor a decirle, delante de todos, que ella había pagado una noche de hotel con otro hombre, don Enrique Labarthe (...) La denuncia había sido posible (...) por el descuido de pagar un hotel con el dinero del erario edil (...) Cinco años después, cuando pasó a ser la conductora favorita de Vladimiro, caería en un descuido bastante similar al aceptar del SIN los 5 mil soles que necesitaba para pagar una caución judicial (...) a pesar de tener, como conductora estrella, dinero de sobra para saldar la deuda'.
El capítulo sobre Santiago Martin Rivas hunde al acusado ex presidente. Después de asesinar a los integrantes de una pollada en Barrios Altos por considerarlos senderistas -en el ataque fue acribillado un niño de 8 años- los asesinos se reunieron en una playa. 'El Presidente está orgulloso, dijo Martin Rivas, tras el operativo, en la base militar de la playa La Tiza (...) no está conforme con lo del niño, pero comprende los daños colaterales de este tipo de operaciones' (pág. 146). El pez por la boca muere. Apago el televisor.
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