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La película de Francisco Lombardi, 'Mariposa negra', fue nominada como candidata a la mejor producción extranjera en los prestigiosos premios 'Goya' en España. En su decimocuarta cinta, el director se vale de una novela de Alonso Cueto, 'Grandes miradas'. El filme en el momento de su estreno en Lima, no levantó mucho entusiasmo y muchos críticos opinaron que era aún más irregular que 'Ojos que no ven'. Ambas tenían una temática común: las postrimerías del putrefacto régimen de Fujimori y Montesinos. Que el barbón no pueda plasmar en ambos filmes un retrato creíble y desgarrador como sus anteriores trabajos, como la notable 'En la boca del lobo' (1988), puede atribuirse a que durante la época fujimorista disfrutó de los placeres del poder desde una dirigencia deportiva (con 'Delfinosaurio' y su 'baby' Burga) sobona de la dictadura. Lo rescatable, fuera de la notable actuación de Melania Urbina, es que se reivindicó a una víctima del fujimorismo, el incorruptible juez César Díaz Gutiérrez, quien denunció a los narcos López Paredes, socios de Montesinos, que lo mandó asesinar. Todos los diarios 'chicha' de la época, comprados por el 'Doc', dijeron que lo mataron en una 'orgía de maricas'. Esta historia se recrea en 'Mariposa'. Gabriela es la novia del juez asesinado, quien se horroriza al ver las páginas de la prensa 'chicha', sobre todo 'El papi', que publicaba, en grandes titulares, que su novio muerto era gay. El siniestro director Osmán (Gustavo Bueno) también era un 'plumífero' a sueldo de la dictadura. Gabriela se encuentra con una reportera del diario, Ángela (Magdiel Ugaz). Juntas, como una especie de Dante y el poeta Virgilio, en 'La divina comedia', se internan en el siniestro averno de las entrañas del poder fujimorista. La frialdad de barbón, para transmitir emociones en sus dos películas sobre la dictadura se debe a la indiferencia -imperdonable para un 'intelectual' como él- con que asistía a los horrores del fujimorismo, desde su sillón de dirigente y, aseguraban periodistas, empresario deportivo, en la etapa más vergonzosa de nuestro fútbol. Apago el televisor.
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