|
Hay romances y relaciones que están tan íntimamente ligadas a la televisión, que nunca se pueden desprender de ella. Una de estas es la de Javier Carmona, gerente de Frecuencia Latina, y Tula Rodríguez. Nunca antes en la historia de la TV peruana el anuncio de una relación por este medio suscitó tanto escándalo. Tanta burla. Tanto encono. Tanto comentario callejero. Porque si nos ponemos a recordar, Gisela comenzó su meteórico ascenso cuando tuvo un incidente en una anticuchería en la Costa Verde. Los diarios titularon: 'Gisela y su modelo armaron escándalo y terminaron en la comisaría'. La rubia se debía a las Señitos y supo voltear una tortilla que se le estaba quemando. Anunció ante cámaras que sí, que Carlos era su enamorado. Bajó los ojos avergonzada, como si fuera una quinceañera. Las Señitos no solo la perdonaron, sino le dieron carne para una telenovela que duró ¡¡siete años!!
Lo de Tula también empezó por un ampay, pero vivimos en un nuevo siglo y la 'Peludita' pensó que la sinceridad total sería una buena aliada. La habían expectorado del programa 'Esquadrón' por irse a Colombia con el gerente. Ya le habían perdonado varias faltas, pero le dieron la oportunidad de despedirse. Nadie, salvo la alcahueta Mona, y Roger, sabían que al abrir la boca, iba a explotar una bomba. No solo se despidió, sino que confirmó su relación con el gerente y anunció que estaba esperando un hijo. Pero lo que cayó peor, y creo que fue el motivo por qué la mayoría de la opinión pública la criticó, fue porque sazonó su 'mensaje a la nación' con innecesarias confesiones sobre su situación ginecológica: 'que no podía tener hijos, que no le venía el período'. Este Búho lo dijo: Tula cometió el error no solo de abrir su dormitorio al país, sino también ventilar las sábanas de su cama y hasta el aparato que utilizaba su ginecólogo. Dio pie a que todo el país juzgue su vida como si se hablara del tiempo. Hoy, pese a todo, ambos salieron juntos en el programa de Beto. Tanto los han golpeado que, en estos momentos, se han unido más. Aparte de la ilusión de tener una hija, es algo que Carmona siempre anheló y Gisela no podía dársela. Apago el televisor.
|