26 de julio de 2008
Pobre viejito
Por: El Búho
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Francamente, este Búho no va a hablar sobre los intríngulis y los conflictos financieros que hay en la familia Tudela. Lo único que puedo decir es que el anciano padre no se merece que, en el ocaso de su vida, después de haber trabajado por el país como embajador, después de haber hecho empresa y dado trabajo a muchos peruanos que lo recuerdan con agradecimiento, tenga que escapar a un país extranjero, ¡¡huyendo de sus propios hijos!!, a los 92 años. Tudela debería vivir sus últimos días como debe hacerlo todo hombre de bien, que dejó semilla durante su paso por la tierra: rodeado del amor de unos hijos agradecidos, unos nietos amorosos. No puede ser posible, que todavía vivo, con sus facultades mentales intactas, lo quieran tratar como a un mueble que no debe pensar ni hablar.
Uno puede entenderlo si quien lo agrede de esa manera es una esposa chibola, a la que conoció en un local de striptease. Pero no, quienes lo acosan y han logrado que la policía boliviana lo trate como a un criminal, son sus propios hijos. Ese es un golpe mortal. Ni todo el billete del mundo puede justificar que humilles a un hombre que no solo te dio la vida, pues hay miles de hombres que dan una vida y no merecen que se les llame padre. Don Tudela, como él mismo lo recordó, le dio a sus hijos ejemplo de trabajo y estudio, los matriculó en los mejores colegios y universidades del Perú y el extranjero, y después, rememoró, les dio casa para que vivieran con sus familias y adelantos de herencia. ¿Qué más puede pedir un hombre? Yo creo que si un padre te da una educación, uno debe quedar eternamente agradecido, como este Búho con sus viejitos. Después de eso, somos los hijos quienes debemos ayudar a nuestros padres si lo necesitan, porque hay que engreír a quienes te hicieron un hombre de provecho. Qué pena que una persona que hizo más fortuna defendiendo a una dictadura corrupta, como la fujimorista, quiera seguir acumulando verdes, ahora a costa de martirizar a un viejito que, parece olvidarlo, es su padre. Apago el televisor.

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