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Definitivamente que después de la espuria alianza entre el aprismo y el fujimorismo, para llevar al aprista Velásquez Quesquén a la presidencia del Congreso, el 'Chino' podrá dormirse cuantas veces le dé la gana en el juicio, que será un 'saludo a la bandera'. El 'Chino' es el gran vencedor y no el Apra, pues el partido de gobierno ya no tiene autoridad moral para decir que 'fue una víctima del fujimorismo'. En una de las conciliaciones políticas más siniestras y sucias que se recuerde en el Congreso, Keiko y Santiago Fujimori vendieron caro su apoyo al Apra, para salvarlo del descalabro: colocaron nada menos ¡¡que al médico de cabecera de Fujimori!!, Alejandro Aguinaga, un opaco congresista que no está para un cargo tan importante, en la lista oficialista. Pero aquí está la trampa. ¡¡El 'Chino' todos los días digitará al congresista en su labor como directivo, mientras le examina la lengüita!! ¿Dónde quedan las palabras de Alan García que prometía procesos y cárcel a los delincuentes de la dictadura fujimorista? ¿Qué unión programática, qué proyectos de ley pueden desarrollar el Apra con los fujimoristas, cuando los seguidores del 'Chino' reducen toda su plataforma a lograr sacar al ex dictador, prófugo y violador de derechos humanos de la cárcel? Keiko y Santiago y toda la recua de ayayeros de su grupo político solo existen para salvarle el pellejo al 'Chino'. El fujimorismo es, ante todo, un clan familiar, donde hasta el vago del esposo de Keiko pesa más que 'Sancho Panza' Raffo o 'Saravá'. El descerebrado de Kenyi tiene más peso político que Reggiardo. Ese tipo de personajes, definitivamente, prefieren a un Velásquez Quesquén, un sujeto que se hizo conocido por faltar a una sesión del Parlamento Latinoamericano para irse a una boite donde unos sambazos ofrecían 'placer' y se quedó durmiendo la 'mona' por tomar tanta 'caipirinha'. Después, desesperado por hacer un amiste con dos de los más desprestigiados congresistas, dejó que se grabaran frases como: 'El país no importa, primero está nuestro bienestar'. El 'moralizador', el hombre que 'quiere cambiarle la cara al Congreso', ante tamaña blasfemia, guardó un silencio cómplice. No cabe duda que si sale elegido, podría ser el peor y más impresentable presidente del Congreso de la historia. Apago el televisor.
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