3 de agosto de 2008
¡Que desfilen los mafiosos!
Por: El Búho
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Recuerdo cuando niño una vez que mi padre me llevó a ver la Gran Parada Militar. Desde las 6 de la mañana el viejo ya estaba afeitado y trajeado con sus mejores galas. Gobernaba Fernando Belaunde en su primer mandato, a fines de los sesenta. La ceremonia se realizaba en la avenida Brasil, hasta que fue suspendida  tres años a raíz de la gran huelga policial de 1975, cuando los saqueos 'jaquearon' Lima, que amaneció salpicada de cadáveres. Mi padre me subió sobre sus hombros y vi pasar al arquitecto saludando alegremente a los ciudadanos. El hombre que dejó boquiabiertos a los demás Presidentes en la cumbre de Punta del Este en 1968, con un magistral discurso y sin leer, volteó por un instante hacia mi lado. Instintivamente me llevé una mano a la sien derecha como los soldados, y el Presidente respondió con el mismo gesto marcial. Años después, ya como periodista, cubrí este evento. Pensé que aún quedaba el fervor patriótico en muchas de las personas que desde la víspera dormían en sus sillas para tener una mejor vista, pero varios lo hacen sólo para vender sus sitios. Hoy, la Gran Parada sirve como negocio para muchos peruanos.  Las estrellas de la ceremonia fueron la papita con huevo y la chanfainita, que se vendió más que piñata de Manuel Burga en Año Nuevo. Al ver la llegada de Alan García, con el mentón alzado, a paso de cisne, por un momento me pareció ver a la gran Monique desfilando en el Abtao Fashion. Con su bastón de mando en mano me hacía recordar la historia de Roma. Cuando un general llegaba victorioso de una campaña militar, la ciudad entera lo recibía como a un Dios, sin embargo en el carro en que entraba a la ciudad un esclavo le susurraba al oído: 'Recuerda que eres mortal y que toda gloria es pasajera', para que le quede bien claro. Así debieron ponerle un audífono al presidente con una grabación: 'recuerda que eres Alan y que una vez ya nos fregaste'. Tal vez el tropezón que tuvo al subir al estrado lo hizo despertar de sus sueños de grandeza. Del armamento mejor ni hablar. Montesinos, Fujimori, Hermoza Ríos, Villanueva Ruesta y otros mafiosos sinvergüenzas deberían desfilar con traje a rayas y, sobre todo, devolver todos los millones que se robaron comprando armanento chatarra, aviones que vuelan cinco minutos y se vienen a tierra. Ellos sí ofendieron a la bandera peruana más que la apabullada Leysi.  La cereza la puso el gracioso general Edwin Donayre, quien se unió al desfile de sus muchachos a paso ligero y trotando, con una 'marcialidad' poco convencional. Apago el televisor.

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