10 de agosto de 2008
El temible 'Kerosene'
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'El agente mostraba una frialdad asombrosa para actuar en situaciones de sangre, muerte o violencia'. Así describe el periodista Ricardo Uceda en su libro 'Muerte en El Pentagonito' al ex agente del 'Grupo Colina', Jesús Sosa Saavedra. Uceda se reunió en la clandestinidad con el 'exterminador' de 'Colina' y le contó con lujo de detalles cómo ejecutaba a sus víctimas. Con una pasmosa frialdad reconoce las muertes como vanagloriándose de ello. Ahora, al contestar las preguntas del fiscal Avelino Guillén se ve un brillo en sus ojos y una ligera sonrisa. Ni un atisbo de arrepentimiento. Se apoya en su brazo izquierdo y, como si nada, habla de 'eliminar' cada vez que mataba a alguien. Con apenas 1,68 m el tipo es una máquina de cometer asesinatos y sería responsable de 37 muertes. En mi dilatada carrera periodística he conocido descuartizadores y sicarios; he estrechado la mano de asesinos que se hicieron célebres; le he sostenido la mirada al famoso Gavilán Cortés, capaz de trozarte en cien pedazos con su temida chaveta; pero jamás he visto unos ojos y escuchado una voz tan cínica como la de 'Kerosene'. Mucho antes de cobrar su primera víctima en las afueras del cuartel Los Cabitos, en Huamanga, Sosa ya delataba su naturaleza cruda de reptil. Nació en Motupe, donde se crio en el campo. Irma, su madre, era una amorosa maestra de escuela que le dio todo su cariño. Cuando tenía 23 años, ella falleció. El bus en que viajaba se precipitó al fondo de un cañón en Lucanas. Con increíble tranquilidad, el joven agente buscó entre la podredumbre humana los restos de su madre. 'Yo sentía que había perdido todo, pues la relación con mi madre era entrañable, pero, ante lo que tenía que hacer, actuaba y actuaba. Hasta no recuerdo si me puse a llorar por esos días", le contó a un compañero. Tiempo después, ganaría gran prestigio como 'eliminador' y torturador. Con una mezcla de kerosene y petróleo incineraba los cadáveres. Su receta personal, que hacía que los cuerpos combustionen de manera más lenta y, por lo tanto, dejando menos rastro, le valió el apelativo de 'Kerosene'. Su jefe Martin Rivas, en cambio, prefería utilizar cal. Copió esta técnica de la película 'Full metal jacket' (La chaqueta metálica), de Stanley Kubrick. Son un par de hienas. Apago el televisor.

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