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Si me preguntan cuál es el mejor galán de Hollywood de todos los tiempos, dudaría escoger entre Marlon Brando y Paul Newman. Cuando uno los ve en pantalla, piensa que son seres inmortales y que nunca envejecen. Envidiamos los millones de mujeres que se postran a sus pies por una firma o una foto; mientras nosotros, simples mortales, debemos invertir tiempo, labia y varias copas para hacer caer a una sola en nuestras redes. Pero el tiempo es implacable para cualquier hombre, y la intimidad de las súper estrellas puede ser tan descarnada como la nuestra o, incluso, peor. Cuando Brando rodó 'Apocalipsis ahora', llegó tan gordo, que el director tuvo que grabar a media luz las escenas en que aparecía. Obeso y calvo, dejó este mundo en el 2004. Muy lejos del rompecorazones que fue en 'Un tranvía llamado deseo', donde la hermosa Vivien Leigh, enloqueció por él con una actuación que le valió su segundo Oscar y más de una sospecha. Ahora con 83 años, el otro adonis del cine, Paul Newman, según medios norteamericanos, está padeciendo un cáncer pulmonar, consecuencia de muchos años de fumador. Aunque voceros del actor han desmentido el rumor, uno de sus mejores amigos y socios, A. Hotchner, señaló que el actor ya lleva 18 meses con la enfermedad. Incluso se le fotografió en silla de ruedas, demacrado, escondiendo su legendaria mirada azul tras unos lentes de sol. Newman, un año menor que Brando, era para muchos el único que le podía hacer sombra al recordado 'Don Corleone'. De las muchas películas que vi de él, la que más recuerdo por ser un billarista aficionado es 'El color del dinero'. Entrando a los adolescencia ya había aprendido mis primeras carambolas jugando en el billar de mi barrio cuando ocasionalmente me 'tiraba la pera'. Con humildad, digo que adquirí una performance aceptable hasta que vi esa película de 1986 con un Paul Newman ya madurito. Con jugadas que hubieran enloquecido al mismo Raymond Ceulemans, el billarista belga 35 veces campeón del mundo, que llegó a ser derrotado por la 'vieja' Adolfo Suárez. Con ese papel obtuvo el Oscar, cuando ya había perdido las esperanzas de recibirlo. Ambos son leyendas, pero nadie se burla de los años. Solo las pirámides, y Sofia Loren desde luego, se burlan del tiempo. Apago el televisor.
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