|
El entierro de Michael Jackson se convirtió en una tómbola, una lotería para millones de sus fanáticos en Estados Unidos. Aunque no lo crean, a la hora que se sortearon las 16 mil entradas para asistir al espectáculo funeral que se realizará en Los Ángeles, se inscribieron ¡un millón seiscientas mil personas! Solo 17,500 van a estar hoy, viendo en vivo, un ritual donde estarán en el escenario Brooke Shields, su primera novia, aunque muchos dijeron que todo fue pantalla para ambos, ella la 'chica linda de Hollywoood', él triunfador por su primer disco solista y su baile lunar en 'Billie Jean'. También estarán Stevie Wonder, Magic Johnson, quien lo acompañó en el videoclip 'Remember the time', del 'Dangerous'. Liz Taylor no irá 'porque no podría soportar la emoción'. Pero se espera a Liza Minnelli, Justine Timberlake, Jennifer Hudson -quien interpretará una canción de homenaje-, Kobe Bryan, Aretha Franklin y Mariah Carey. La viveza no solo es criolla, los gringos que ganaron las entradas del sorteo pusieron avisos vendiéndolas en diez mil dólares. Los portales de ventas por Internet borraron al toque esos anuncios, pues acordaron con los organizadores eliminar esas ofertas, para no enturbiar el homenaje. Sin embargo, se estima que la ceremonia sea la más vista en la historia de la televisión. Su muerte no podría estar exenta de los récords que ostentó en vida. Un legislador republicano emitió un video acusándolo de pedófilo y pervertido. El político llegaba tarde a la historia y quiso ganar notoriedad, hurgando en las miserias del divo, cuando ante su prematura muerte los justos prefieren recordar lo bueno que exhibió 'Jacko' en lo musical, y en la solidaridad con los necesitados del mundo. En el día de su entierro ya no viene al caso decir que también era un maldito pedófilo. Los niños que no ingresaron a su cama en Neverland y los adultos debemos despedirlo con agradecimiento y admiración por su obra. Aquí planteo una disyuntiva: O 'Michael no era humano' o como diría Nietzsche: 'era humano, demasiado humano'. Ustedes, estimados lectores, tienen la última palabra. Apago el televisor.
|