3 de agosto de 2009
No hay crimen perfecto
Por: El Búho
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El asesinato de la empresaria Myriam Fefer Salleres, de 51 años, fue uno de los más sonados en los círculos de la alta sociedad limeña. Divorciada, aficionada a los casinos y las fiestas, la guapa empresaria siempre fue un personaje polémico en la llamada 'high life'. Ella era el brazo derecho y la engreída del millonario Enrique Fefer, quien hizo fortuna en la minería y negocios inmobiliarios. Sin embargo, una denuncia remeció al Poder Judicial y los círculos de la alta sociedad limeña: el propio padre de Myriam la denunció a ella y a su madre, su ex esposa, de intentar asesinarlo al suministrarle veneno en las comidas y en una ampolla mortal. El anciano descubrió el siniestro plan y la denunció. Después, desistió de proseguir con su denuncia para no perjudicar a sus nietos menores de edad, pues su hija era padre y madre para ellos. Pero el intento de parricidio debía tener culpa: desheredó a su ex hija preferida Myriam, y en su lugar nombró como heredera a su nieta, Eva Lorena Bracamonte Fefer. Mientras ella llegaba a la mayoría de edad, Myriam asumirá el control de las empresas. La empresaria tenía un carácter muy fuerte, le gustaba hacer 'amarres' para retener a sus 'amores'. Cuando la asesinaron por estrangulamiento, todos sus amantes pasaron por varios interrogatorios, pues en la madrugada el asesino no forzó la puerta. Los detectives pensaron que se trataba de un amigo o amante. También se sorprendieron que su hija, que dormía en el cuarto contiguo al de su madre, no escuchara nada porque la empresaria defendió su vida con uñas y dientes, incluso le arañó la cara al atacante. Esa piel se convirtió en pieza clave para identificar al criminal. Ni bien enterraron a la desafortunada mujer, la hija, Lorena Fefer, acogió a su amiga Liliana Castro Mannarelli (24) en su casa, compraron una camioneta 4x4 y comenzaron a vivir, según los detectives, 'una vida loca'. Juergas interminables en la espléndida residencia de San Isidro, muchachos y muchachas que manejaban los carros de la víctima hasta que, la heredera, botó a su hermano Ariel de la casa. Después de varios meses, desde Argentina, llegó la pista que tanto buscaban los policías. Un sicario colombiano, detenido en ese país, se ufanaba que entre sus crímenes más relevantes se encontraba 'el de una millonaria muy famosa, salió en los diarios y revistas. La maté y salí del país como si nada, fue su hija quien me contactó por Internet para hacer el trabajito'. Tamaña declaración fue tomada en cuenta por la policía argentina que la transmitió a sus colegas peruanos. Podía ser un fanfarrón, pero una corazonada les hizo viajar a Argentina para entrevistar al colocho que pretendió negarse, seguro porque fue nuevamente 'aceitado' por la persona que lo contrató, pero no contó con la prueba de ADN, de su piel y sangre dejada en la escena del crimen. Esta dio positivo. Fue el asesino. Hoy, la hija y la 'amiga íntima' Castro Mannarelli son sindicadas por la policía como las principales sospechosas. Este Búho no entiende cómo una hija puede atentar contra su padre o su madre. Myriam Fefer pagó caro haber tratado eliminar a su progenitor. Los detectives piensan que la hija no sintió remordimiento de mandarla a matar, porque su madre hizo lo mismo. Qué terrible. Apago el televisor.

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