8 de agosto de 2009
Palabra de prisionero
Por El Búho
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Recuerdo aquel setiembre de 1986, cuando cayó a mis manos un casete llegadito de Chile. Lily Díaz, que trabajaba en la sección Cultural con mi amigo Kike Sánchez Hernani, en una revista que yace en el cementerio de papel me lo prestó. Eran 'Los prisioneros'. De su primer trabajo en 1985, solo había sonado 'La voz de los ochenta'. Sin embargo, ese pegajoso himno escondía verdaderas joyas que se convertirían en imperecederas para el trío santiaguino de San Miguel. 'Paramar', la tierna canción de amor de que te apuntaba directamente al corazón o 'Quién mató a Marilyn', cantada por su baterista Miguel Tapia. La onda pankeke de su primer trabajo, se transmutó en un perfecto tecno pop. Con una telaraña de teclados que emitían sonidos de perros para la inolvidable 'El baile de los que sobran', 'Quieren dinero', 'Por qué no se van'.

En plena dictadura pinochetista, el trío representaba una voz rabiosa contra el gorilaje y la derecha cavernaria, pero también despotricaban de los 'progres' o 'caviares' chilenos, a los que ridiculizaban en su tema 'Nunca quedas mal con nadie'. En su mejor momento su bajista, Claudio Narea se alejó de la banda. Los fanáticos no entendían por qué se marchaban en el mejor momento de la banda, aquel de 1990. Se habló de un 'lío de faldas'. Concretamente, un triángulo amoroso entre el líder Jorge Gonzales con la esposa de Narea. Años después, Gonzales dio su versión en una entrevista convertida en libro. Hoy, 19 años después de la ruptura, Narea llegó al Perú a presentar su libro: 'Mi vida como prisionero'. En una reveladora entrevista para 'Perú 21' cuenta algunas perlas de su relación con Gonzales: ¿Me decía, tú eres bonito, yo soy feo(...) después se involucró con mi esposa Claudia (...) luego me propuso acostarnos los tres...'. ¿Jorge estaba enamorado de usted?, le preguntaron: 'No puedo decirlo de esa forma. Si tenía una obsesión conmigo (...) era una amistad muy extraña. Él me tenía cariño y admiración, pero también, otra cosa. Mi ex esposa la pasó mal, es psicóloga y en la universidad la trataban como 'la puta que separó a Los Prisioneros'. Definitivamente, Claudio Narea, Jorge Gonzales y Miguel Tapia, también eran prisioneros de su propia humanidad. Apago el televisor.

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