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Myriam Fefer se defendió con uñas y dientes de su asesino colombiano. Lo arañó e hizo sangrar. El sicario Trujillo Ospina contó que 'lo habían contratado vía Internet, donde ofrecía sus servicios y que fue la propia hija de la víctima'. Es un tipo desalmado que ejerce un oficio que floreció durante el reinado del narcotráfico en Colombia, gracias a los siniestros cárteles de la droga que reclutaban ejércitos de asesinos, muchos de ellos menores de edad. Cuando Pablo Escobar y otros jefes de las 'firmas' terminaron muertos o en prisión, estas hienas decidieron 'exportar' sus servicios a otros países. Algunos fueron tan conchudos que colgaron avisos en Internet. Pero Trujillo Ospina es uno de esos sicarios sin bandera, ni fidelidad, a quienes solicitan sus servicios. Cobra relativamente 'barato' por un trabajito (léase asesinar a una persona), entre 3 y 5 mil dólares. Pero no es porque se cotice mal, sino porque después de eliminar a su víctima y la persona quien lo contrató se benefició económicamente con su desaparición, ya sea por herencias millonarias o cuotas de poder, realiza una llamada que deja aterrorizada a la siniestra persona que le pagó para matar a alguien: 'Necesito dinero, tú has ganado millones por mi trabajo. ¿Creías que toda la fortuna que ahora disfrutas valía 5 mil sucios dólares? Deposita 50 mil dólares en esta cuenta, si no quieres que la policía se entere que tú me contrataste para matar a. Click'. La policía cree que el colombiano está extorsionando a la persona que lo contrató en Lima. En Argentina estuvo preso por ese delito, pero ya cumplió la mitad de la pena que pidió el fiscal, aún no va a juicio y puede salir en cualquier momento. ¿Por qué habló y luego, cuando la policía peruana lo quiso interrogar, se negó de plano? ¿Es que ya recibió una 'aceitada' para que continúe en silencio? Otro dato curioso: en Argentina no tenía abogado y se tuvo que acoger a uno de oficio. Ahora ya tiene un flamante letrado que nadie sabe quién le paga y le ha prohibido que hable con la policía peruana. Apago el televisor.
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