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Cuando el presidente Alan García anunció con bombos y platillos, en su Mensaje a la Nación del 28 de Julio, 'que los corruptos van a trabajar en un penal de la selva, porque son unas lacras', se me vino a la mente la tristemente célebre colonia penal 'El Sepa'. 'Las cárceles son el reflejo del nivel de civilización de un país', escribió un ex reo que pasó la mitad de su vida en las colonias penales francesas en Guyana, la famosa 'Isla del diablo', que nos relataba Henri Charriere en su novela 'Papillon'. Las dos grandes potencias europeas, Francia e Inglaterra, elaboraron el concepto de colonia penal. Ambos países poseían cárceles a miles de kilómetros de sus países, en lo que llamaban 'ultramar'. Francia en la Guyana, al norte de Sudamérica. Los británicos, en la lejana Australia. Allí decidieron enviar a sus presos más peligrosos. No solo los asesinos y violadores, sino también a los políticos más subversivos. Infundía terror entre los delincuentes y opositores al poder. No solo era una cárcel, sino un centro de tortura cotidiana, porque los reos debían realizar trabajos forzados. Los alcaides y funcionarios penitenciarios se beneficiaban de estas labores y exprimían a los internos hasta morir. El porcentaje de presos en estas colonias que regresaba a París o Londres era ínfimo. Si no morían de los males tropicales, asesinados por otros reclusos o enfermos por los trabajos forzados, se quedaban a vivir sus últimos días en esas remotas regiones. Esa era la idea.
En el Perú se estableció un régimen tan injusto y draconiano para encarcelar allí a los subversivos, comunistas o líderes sindicales. Por ejemplo, Héctor Chacón, 'El nictálope', el héroe de carne y hueso de la novela 'Redoble por Rancas' de Manuel Scorza, fue encarcelado en ese penal de la selva. Igual Hugo Blanco o Genaro Ledesma Izquieta. Los universitarios que asaltaron un banco, que dio argumento para el filme 'Avisa a los compañeros', también dieron con sus huesos en ese presidio. Allí, en medio de la selva, colindantes con colonias de leprosos y selva virgen, estaba enclavado 'El Sepa'. En teoría, los internos podían cosechar y tener 'una vida sana con la naturaleza', pero en la práctica era un infierno. Muchos políticos temían que los presos comunes los asesinen. El propio general Juan Velasco amnistió a Héctor Chacón, 'El nictálope', en 1971 y su regreso a Yanahuanca fue cubierto por el gran 'Chivo' Castillo. Cuando el gobierno clausuró ese penal, pocos internos famélicos, muchos de ellos locos, lo habitaban. ¿Ustedes creen que la 'Rata' o el 'Chino' podrían ser inquilinos del nuevo penal anunciado por Alan? Apago el televisor.
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