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Ayer recordaba cómo Sendero Luminoso escogió el comedor de San Marcos, en el jirón Cangallo, para anunciar, en marzo de 1980, que iba a iniciar la lucha armada. Este anuncio causo hilaridad y burla entre los estudiantes de izquierda. Porque allí, todos creían que en algún momento, 'cuando estén dadas las condiciones históricas, subjetivas y objetivas' se iba a dar la revolución que acabara con el estado burgués. Ese rollo lo manejaba toda la izquierda desde los llamados 'reformos' hasta los 'ultras'. Al tiempo de su demencial accionar, los senderistas se convirtieron en el terror de las comunidades campesinas, pues robaban ganado, mataban a quien protestaba y se llevaban a las mujeres y los jóvenes. Esa práctica nefasta de reclutar hasta niños fue la que llevó a las comuneros a odiar a los 'cumpas'. Estos decidieron darles un escarmiento. En Lucanamarca, comunidad que consideraban hostil, los senderistas le dieron un cruel 'escarmiento' asesinando a 69 personas entre hombres, mujeres, niños y ancianos. Los ultimaron 'con daga y machete para no gastar balas'. Ese asesinato, con sinceridad, fue un búmeran. Los pobladores les declararon la guerra y con el ingreso del Ejército, se desató un terrible baño de sangre. Las comunidades campesinas entraron en desintegración, pues estaban entre dos bandos. En Uchuraccay, por complacer al Ejército, asesinaron a periodistas por equivocación. Al final fueron acusados, sentenciados, asesinados y hoy es un pueblo fantasma. Después de reconocer su derrota en el campo, Sendero ingresó a la ciudad con salvaje ferocidad. Sus blancos fueron dirigentes populares, como la lideresa de Huaycán, Pascuala Rosado, o la inolvidable María Elena Moyano. Recién allí la izquierda legal sintió en carne propia la maldad de los senderistas, que ya habían cobrado la vida de centenares de policías, militares, políticos de Acción Popular o el Apra. Con los coches bomba y los apagones pretendían desmoralizar a la población de las grandes ciudades y hacer ver que SL estaba por llegar a tomar el poder. Sin embargo, desde el Estado, se conformó un grupo de inteligencia ajeno a los comandos de aniquilamiento de Fujimori y Montesinos, el siniestro 'Grupo Colina'. El GEIN, con los oficiales Benedicto Jiménez, Marco Miyashiro y Antonio Ketín, logró capturar a la hiena Abimael Guzmán. Esa noche, Fujimori estaba pescando en Iquitos y Montesinos babeaba por su 'Gatita' en la playa Arica. Allí comenzó la destrucción de Sendero. Hoy, una facción llamada, eufemísticamente, 'Resurgir', aliada con los narcotraficantes, pretende volver a jaquear al Estado peruano. ¿Y los pobres policías asesinados cruelmente? ¿Cómo quedan sus viudas y huérfanos? Apago el televisor.
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