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Este Búho no pudo evitar estremecerse cuando vio las imágenes del gran Muhammad Ali, en el homenaje que le tributaron en el Yankee Stadium, de Nueva York, durante un clásico de béisbol ante más de 45 mil espectadores. Atacado terriblemente por el mal de Parkinson. A sus 67 años -seis menos que 'Melcochita'- el 'más grande deportista de todos los tiempos', según los más respetados periodistas deportivos del mundo -a los que respaldo- no puede caminar, tiembla como una gelatina, parece un robot descompuesto, sin baterías. Me afecta, porque él enarboló en un deporte como el boxeo, en la categoría pesos pesados, la agilidad, la velocidad, el arte de la defensa y el ataque. 'Baila como una mariposa y pica como una avispa', era su máxima. Fue campeón olímpico en 1960 en Roma. En 1964 derrotó a Sonny Liston, el 'Oso feo'. Un ex convicto que destruía a sus rivales, como a Floyd Patterson. Liston prometió 'destruir la belleza de Ali', porque lo llamó 'Oso feo' en el pesaje. Desde allí, Ali se hizo célebre por 'bocón'. Lo liquidó en el séptimo asalto y conquistó el título. En la revancha, en un confuso round, Liston cayó a la lona, pero muy pocos vieron el golpe. La culpa, en todo caso, fue de Ali, si el boxeador se tiró. Liston murió en una habitación asesinado años después. Este Búho recuerda 'La pela del siglo' con Joe 'Smokin' Frazier. Fueron tres, y todas espectaculares. Pero la primera fue épica. Hasta el round 15 estaba ligeramente favorable a Frazier, pese a que tenía el rostro tumefacto. Ali, consciente de que perdería el combate, arriesgó y permitió que Joe le encajara un tremendo golpe a la quijada que lo mandó a la lona. Era la primera vez, aquel 8 de marzo de 1971, que Muhammad Ali besaba la lona. Me dio pena. Frazier acabó en el hospital por un mes.
La segunda la ganó Ali, pero la rivalidad continuó. La tercera fue descomunal. 'El Thrilla de Manila', la llamó el siniestro organizador, Don King. Allí, ambos boxeadores liquidaron su rivalidad en un combate electrizante. Se devolvieron golpe por golpe. Ambos tuvieron lo suyo. Los golpes reemplazaron a los insultos previos. En el round 14, Ali le dijo a su entrañable técnico Angelo Dundee. 'No doy más. Esto es inhumano. Se acabó'. El técnico, desesperado, solo miró el rincón de Frazier y observó que el eterno enemigo movía la cabeza (con la cabeza abajo), mientras su coach Eddie Futch, maldecía y se agarraba la cabeza. Dundee le agarró la cara a Ali, como si fuera a besarlo y le dijo: 'Muhammad, solo te pido que, al sonar la campana, te pares y vayas al centro del ring. Nada más'. Como un autómata, Ali se paró y vio cómo Futch le explicaba al árbitro que Frazier se negaba a salir y sintió cómo le levantaban el brazo, sin atinar ni a sonreír. Así, dramáticamente y con el azar, Ali demostró que era el más grande. Hoy, enfermo, estuvo en la asunción de mando de Barack Obama y fue recibido con honores, como debía ser. Apago el televisor.
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