Historia
En China, durante la dinastía Han, los alquimistas taoístas investigaban sobre un elíxir para la inmortalidad. Así provocaron muchos incendios, experimentando con azufre y salitre (nitrato de potasio).
Para el siglo VIII se estableció una fórmula para la pólvora. Hecha con una combinación de salitre y azufre con carbón, la pólvora o 'huo yao' se usó primero para hacer fuegos artificiales y señales con luces de bengala. Más tarde se inventaron las granadas de mano sencillas, que se arrojaban al enemigo usando una catapulta.
Posteriormente, la pólvora se utilizó en fusiles y cohetes. El ejército también llenaba tubos de bambú con pólvora y la empleaba como una forma primitiva de lanzallamas. En el año 1126 d.C., un oficial lugareño llamado Li Gang defendió la ciudad de Kaifeng usando cañones, ocasionando gran cantidad de víctimas a una tribu nómade que los observaba.
La primera pólvora descubierta es la denominada pólvora negra, compuesta de determinadas proporciones de carbono, azufre y nitrato de potasio.
Es probable que la pólvora se introdujera en Europa procedente del Oriente Próximo.
En la actualidad
Las pólvoras modernas están basadas en explosivos, como el TNT, que con diversos elementos reduce su velocidad de combustión.
Sus ventajas son: poco humo, bajo nivel de depósito de productos de combustión en el arma y su homogeneidad, lo cual garantiza un resultado consistente y aumenta la precisión de los disparos.