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Este Búho volvió a ver el video de la entrevista a la joven Eva Fefer y digo, caramba, me quedé chico en mis comentarios. Uno se pone a pensar que el dinero, en algunas familias, no ayuda para lograr la armonía y la felicidad. Pienso que el viejo polaco Enrique Fefer, antes de fallecer, al ver cómo sus hijos de sus dos compromisos se odiaban y disputaban su herencia como coyotes, hubiese deseado morir pobre. Estoy seguro que pensó así, pues denunció judicialmente a su hija predilecta, Myriam, de querer asesinarlo, aplicándole una inyección letal con la ayuda de la madre de esta, de la que estaba separado y por eso la desheredó. Aunque Ariel, el 'pescadito', como lo llama Bayly, asegura que su abuelo cambió el testamento a favor de su nieta Eva para evitar que sus hermanos disputaran el dinero con Myriam. Hummm. El 'viejo' Fefer llegó de Polonia, después de la guerra europea, en precaria situación financiera y logró hacer una fortuna más que respetable -siete millones de dólares- en negocios inmobiliarios. Sin embargo, esa bonanza económica no le aseguró la estabilidad en sus relaciones de pareja, pues fracasó en sus dos compromisos y terminó sin una esposa que lo acompañe en el ocaso de su vida. Al ver la codicia de sus hermanos y sus hijos mayores, se apoyó en Myriam, quien se casó y tuvo dos niños con un hombre al que expectoró rápido de su vida. Dedicada íntegramente a los negocios, la infortunada empresaria, si bien dio a sus hijos una buena educación en el colegio judío 'León Pinelo', los descuidó como madre. Ya tenían bastante al no tener una figura paterna. Eva ningunea a su progenitor, de quien dice que habló con él 'solo veinte veces en su vida'. La ausencia de la imagen paterna definitivamente crea problemas en los hijos. Y si ante esto, la madre se dedica a los negocios, brujería y permanece ausente, delegando esa función a una nana, ocasiona tremendo problema de baja autoestima. A este Búho le parece que detrás de la verdadera Eva no se encuentra la muchacha altanera, lisurienta y con aires de superioridad, sino la original es una joven indefensa y con tanta falta de cariño y afecto, que pagó 600 mil dólares a Liliana Castro Mannarelli, una lesbiana que le brindó el amor que no recibió de sus padres. Pudo no ser una mujer o tal vez un hombre mucho mayor que ella o un vividor gigoló, esa muchacha pudo ser tan 'generosa' con otra persona. La condenaron desde el momento que la nombraron heredera y la sentenciaron a que su madre, la autoritaria Myriam, dirigiera su vida y fortuna. Según el fiscal Fidel Castro, harta de aquello, planeó con Liliana acabar con ella. Pero este caso tiene para rato. Apago el televisor.
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