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El Chato Matta llegó al restaurante por su cebichito y su chicharrón de calamar. "María, estuve con el Chino del Callao, quien me contó la última de su maestro Pancholón. Chino -le dijo Pancho-, tengo billete, carro del año, las trampas se me regalan, pero soy como el gran Héctor Lavoe, me ven rodeado de mujeres, pero 'nadie sabe si río, si lloro, si tengo una pena que hiere muy hondo'. Acabo de ver a la única chibola que me movió el cerebro hace unos años y logró que tambaleara mi matrimonio. Me crucé con Grace, la potoncita de 19 años de la que me enamoré como un adolescente. La firme es que la vi de bajada y canté 'cuando estabas conmigo comías filete de pollo y ahora solo sopita...'. Estaba por la Javier Prado y vestía un jean desgastado, una chompa viejecita y unos zapatos que pedían chepa. En el brazo llevaba un fólder y hacía cola en un service para que la coloquen en un tragamonedas. Caminó como diez cuadras para chapar su combi y le pidió al cobrador que le atraque una 'china' hasta La Victoria. Estaba pálida y demacrada. Pensar que por ella muchas veces peleé en mi casa y dejé plantada a mi mujer. Teníamos química, éramos fuego en la intimidad. Una vez estuvimos en un hostal de San Borja y tuve que dejarla una hora. Cuando llegué, la cama estaba llena de rosas rojas en forma de corazón. Me besaba de los pies a la cabeza y me decía: te amo, gordito, eres el hombre de mi vida, así me dobles la edad'.
Estábamos tan 'pegados' que hicimos un pacto de sangre y se hizo un tatuaje con mi nombre en su pompis. No puedo negarlo, me sentía bien en la intimidad con ella. Hacíamos más poses que el Kamasutra. Por eso me dio pena verla ahora 'golpeada' por la vida a sus 22 años. El cambista, el gordo Édgar y el loco Ricky me contaron que anda con un 'apretón' maldito que le da de alma. Recuerdo que yo la paseaba en mi carro, comíamos en buenos restaurantes y le regalaba joyas de oro en nuestro aniversario. Pero un día me sacó la fulera. 'Si no me das 200 dólares que necesito urgente, voy a tu casa y se lo cuento todo a tu mujer', me amenazó una noche que gozábamos entre sábanas blancas en La Posada. Ese día marcó su sentencia. Un hombre que los tiene bien puestos debe saber cuándo acaba una relación que puede fregar su hogar. Y la abrí para siempre. Mi familia estaba por encima de cualquier aventura. Chino, una más para tu libro, el hombre que no es fuerte mentalmente, es presa fácil de una canalla. Esa cosita de abajo ha hecho perder la cabeza a muchos giles. Ella juraba que me tenía en sus manos, pero la verdad es que uno es varón y juguetón. Nada más. Ellas nunca te darán lo que te puede dar una mujer de casa, tranquilidad y felicidad. No olvides que la casa es sagrada y se respeta, y la pampa es para todos. Esos que dejaron a la esposa por meterse con una chibola serán cornudos toda la vida y después llorarán lágrimas de sangre". Pucha, Pancholón es un personaje. Los amigos del Chato solo hablan de cochinadas. Me voy, cuídense.
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