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Steven Tyller se aferró a los 'Aerosmith'. La voz e imagen del grupo negó que los dejó colgando en plena gira, pues lleva casi 40 años con sus altibajos, broncas y proyectos individuales. Dijo que si bien el guitarrista Joe Perry es un hombre de muchos colores, 'yo soy el arco iris del grupo', y no se va. Esta bronca me hace compararlo con el fenómeno llamado Rolling Stones, quienes llevan exactamente 45 años en el escenario y la pasan como si tocaran por primera vez. Para corroborar esta afirmación, tienen que ver el extraordinario documento fílmico de Martin Scorsese, titulado 'Shine a light'. Una actuación en un pequeño teatro de Nueva York, el 'Beacon', en medio de una gira que los llevaba por gigantescos estadios, es el pretexto para que Scorsese rinda un homenaje a sus músicos favoritos. Si bien en 'El último vals' el director hizo una obra maestra del último concierto de la mítica banda que acompaña a Bob Dylan, 'The band', Scorsese hacía rato que les debía un tributo a los ingleses. No por nada, en cada película del director, siempre se va a escuchar un tema de los Rolling Stones.
Eso lo sabía muy bien Mick Jagger cuando aceptó que el director de 'Casino' haga la película. Pero el concierto, la música, es solo un pretexto. El filme es un retrato de cuatro viejos dinosaurios que hicieron un pacto con el diablo. Ver a Mick Jagger con 65 años bailando frenético 'As tears go by', desafiando las leyes de la física, deshuesado, como un adolescente. La cámara se centra en el cantante, mientras los guitarristas Keith Richards y Ronnie Wood fuman y sonríen como dos niños traviesos. Eso es lo que son. Nunca compiten. ¿Quién es mejor?, les preguntan y los dos se señalan. Tal vez allí recae el éxito y la longevidad de la banda. Jagger es el dictador. Él se enfrentaba a Scorsese, lo torturaba, negándose a entregarle la 'Set List' del concierto. Richard y Wood solo juegan billar, fuman y beben, dejan al cantante que reniegue con las luces, que bote a los camarógrafos. 'Charlie' Watts, el batero, no hace nada. No habla. Pasan un video de los años 60, un Watts jovencísimo hace lo mismo, nada. Tal vez ese es el secreto que los mantiene unidos. En el escenario estallan. Tocan lo mismo, una y otra vez, con la misma pasión, con la misma fuerza, por los siglos de los siglos. Apago el televisor.
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