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La actividad ilícita del espía confeso, suboficial de la FAP Víctor Ariza Mendoza, habría sido puesta al descubierto por su esposa, María Flores Castro, quien en un acto de celos lo denunció a las autoridades de su arma.
Fuentes policiales indicaron que Flores Castro, motivada por el despecho que le causó que su pareja iniciara una relación con la suboficial Dora Ruiz, con quien tiene un hijo de 4 años, también participó en las diligencias que determinaron que Ariza Mendoza vendía información secreta y confidencial a Chile. Ahora, la mujer visita al militar en el penal 'Piedras gordas' y le lleva víveres y artículos de aseo. Ella será interrogada en el mes de diciembre por este sonado caso.
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