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El 28 de noviembre se cumplirán 40 años de un hecho que tiñó de luto y dolor no solo a las letras peruanas y latinoamericanas, sino al país entero. El gran escritor y antropólogo José María Arguedas decidió acabar con su vida de un balazo en la cabeza en su centro de trabajo, la Universidad Nacional Agraria. Después de cinco días de penosa agonía, el 2 de diciembre de 1969 falleció. Dos años después, en su libro póstumo, 'El zorro de arriba y el zorro de abajo', nos soprenderíamos de sus confesiones, a manera de 'diarios'. Allí contaba que había intentado suicidarse años antes. Dijo que en Obrajillo, bucólico pueblito a cinco minutos de Canta, intentó ahorcarse fallando y esperaba no errar nuevamente. En esos diarios establecía, punto por punto, cómo quería que lo entierren y pidió que el notable violinista Máximo Damián y sus danzantes de tijeras tocaran en su entierro. Su vida, como su obra, estuvo signada por esa trágica división que vivió el Perú, después de la ocupación española: el de un país dividido por dos culturas, la dominada, rica y profunda cultura andina quechua y la dominante, urbana, de raíz europea, discriminatoria. El escritor la vivió en carne propia cuando su padre, un abogado que fue nombrado juez de Lucanas, se casó con una rica hacendada y se llevó a su hijo a vivir a la casa de la madrastra. Allí, el pequeño José María fue maltratado por esta y su hijo, al punto que lo mandaron a dormir en los cuartos de la servidumbre. 'Ellos creían que me hacían un daño, pero no sabían cuánto disfrutaba al estar con ellos y me daban todo su cariño y amor. Además aprendí las bellas y tristes canciones en quechua'. Allí fue testigo de los maltratos despiadados de los hacendados con los peones de las haciendas, que luego plasmaría en su novela más notable, 'Todas las sangres' (1964). Pese a sus galardones literarios y su prestigio como etnólogo y antropólogo, entró en una aguda crisis, pese a que se casó con una joven y atractiva dama chilena -Sybila Arredondo- sí, la que décadas después purgaría prisión por pertenecer a Sendero Luminoso. Intentó suicidarse, renunció a sus cargos públicos vinculados al Ministerio de Educación y solo se quedó con sus cátedras en San Marcos y la Agraria. En mi colegio 'Hipólito Unanue', mi promoción, la 1977, le rindió un verdadero homenaje al ponerle 'José María Arguedas'. En la reunión de reencuentro de ex alumnos, el pasado viernes, el espíritu de nuestro gran escritor estuvo presente. Sus trabajos literarios y antropológicos son de lectura imprescindible para comprender y amar al Perú, entendido este como un país de 'todas las sangres'. Apago el televisor.
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