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El Chato Matta llegó al restaurante por una chita enterita bien frita con papas doradas, salsa criolla y arroz blanquito. "María, tuve un encuentro alucinante con una mujer que pensé que nunca más la iba a volver a ver en mi vida. Samantha, la 'Crazy' del instituto, tenía -a sus 18 años- los mejores senos de la clase y ella lo sabía. Siempre iba con escotes que dejaban virolos a los alumnos, sobre todo a 'Caníbal' y a 'Chilo' que la llevaban a la playa y le invitaban cebiches y 'chelitas', mientras ella les leía a Friedrich Nietzsche. Era mística y culta, pero en el instituto eso significó que la llamaran 'La gata loca'. Yo tenía mi enamorada firme, Dana, de quien estaba templado, pero una noche, después de un apagón que provocó Sendero, nos agarró solitos en el salón. De su bolso sacó unas hojas, prendió un encendedor y se puso a leer sus poemas. Yo compré una 'chata' de ron y, entre trago y lectura, tuvimos un vacilón. Para qué me metí con la 'Loca', porque me perseguía y se aparecía cuando estaba con mi enamorada. 'Quiero hablar contigo', me decía muy suelta de huesos en la cara de Dana. Una vez me peleé feo con mi flaca por su culpa, fui a buscarla y le tiré sus poemas por la cara. Ella, llorando, me metió un cachetadón. '¡Eres un maldito!', me gritó.
Pasó el tiempo y la 'Loquita' estaba de novia con un político radical del instituto. En la fiesta de aniversario y el patita se quedó dormido. Ella se regaló conmigo y pasamos la noche en un viejo hostal del Centro, con baño común. No fue nada del otro mundo, porque era pura teoría en cuestiones amatorias, pero su novio con una 'batería' me emboscó en 'Los botes' y me sacó pistola. '¡Conch... ya sé que te acostaste con Samantha, traidor!' Su gente se lo llevó a rastras, porque estaba borrachazo. A ella la busqué y muy suelta de huesos me respondió: 'No me arrepiento, porque los pecados se deben confesar'. Juré nunca más salir con ella... pero estaba obsesionada. A los años, yo trabajaba en el ministerio y un día ¡la encontré en mi oficina! Me dijo: 'Hola, Chatito lindo'. '¡Qué haces aquí!', la encaré. En eso entró mi pata Lito: 'Causita, te presento a Samantha, mi novia'. La muy bandida había enamorado a mi compañero de trabajo para ingresar a mi oficina. Me hizo recordar a Glenn Close en 'Atracción fatal', la trampa que se metió a la casa de Michael Douglas. Era el colmo. Tuve que contarle al jefe la verdad y lo mandó al pobre Lito a trabajar a la filial de Huancayo por gil. No podía permitir que siguiera acosándome, pues llamaba a la casa de mi viejita de mi ex esposa a decirle que estaba con ella o que había chocado y estaba grave en el hospital. Todo era falso. '¿Por qué me jodes?', le preguntaba. 'Nadie arrocha a Samantha. Chato, vas a ser mío a las buenas o malas', me contestaba. Felizmente, en un viaje al Cusco, conoció a un turista japonés que se enamoró de ella y se la llevó a Osaka. De eso hace cinco años. Ayer me llamó mi hermano 'Caníbal': 'Chato, estuve con Samantha. Llegó de Japón y está más loca que nunca. Me ofreció un billete para que le dé tu dirección, pero me negué, pero Chilo, por la mitad, le dio tu celular, dirección y hasta la placa de tu carro. Cuídate. Click'. Pucha, María, ¿puede una mujer obsesionarse tanto por alguien? ¿Adónde denuncio el acoso de esta demente?" Pucha, el Chato se pasa. Eso le sucede por ser infiel desde joven. Me voy, cuídense.
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