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Una noticia sacudió a Hollywood. Nicolas Cage, la rutilante estrella de cine, uno de los actores más taquilleros, ganador del Oscar por su brillante papel de un alcohólico en 'Leaving Las Vegas', se declaró en quiebra después que el fisco estadounidense lo conminara a pagar ¡6 millones de dólares! Para colmo, su ex pareja y madre de su hijo, Christina Fulton, lo demandó por 13 millones de dólares. Según su ex, el actor le dio una casa donde vivió 18 años con su hijo; sin embargo, acaba de enterarse que esa vivienda ¡nunca la puso a su nombre! y la quiere echar de allí. Además, no pagó un millón de impuestos de arbitrios. Uno se pone a pensar: Cage ganó millones de dólares por películas tan taquilleras como 'La roca', 'Con air', 'G-Force'. Aunque yo lo recuerdo en una actuación impresionante como 'Sailor', en esa obra maestra de David Lynch, 'Terciopelo azul', junto a Laura Dern.
Pero el papel que lo consagró fue el de Benjamin 'Ben' Sanderson, el guionista de Hollywood que pierde el trabajo por su alcoholismo y decide mudarse a Las Vegas con la intención de beber hasta morir. Allí conoce a una prostituta, Sera (entrañable y bella Elisabeth Shue), quien se enamora de un hombre completamente autodestructivo, cuyo instinto que lo lleva a la muerte es mayor al amor que siente por una mujer que lo quiere por lo que es, un alcohólico terminal. Esa memorable actuación lo hizo multimillonario; sin embargo, sus estrambóticos caprichos: compró yates, jet privado, un castillo, 50 coches (uno de medio millón de dólares), mansiones en varios estados, hasta el esqueleto de un auténtico dinosaurio, lo han dejado en la ruina. Atrás quedó el actor chibolo que se enfrentaba a Matt Dillon en la gran película de su tío Francis Ford Coppola 'Rumble Fish' (La ley de la calle). Rebelde desde sus inicios, Cage se negó a utilizar su verdadero apellido Coppola, para hacer carrera en Hollywood. Hoy, a sus 45 años, deberá ejecutar su mejor actuación para persuadir al juez que está misio, aunque a la madre de su único hijo, jamás la convencerá y le hará la guerra hasta el final. Apago el televisor.
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