7 de febrero de 2010
Cusco de ayer y hoy
Por El Búho
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uE06E Este Búho recuerda con nostalgia su primer viaje al Cusco. Nunca olvidaré que, desde Arequipa, tomamos el tren hacia la Ciudad Imperial. Pese a que estábamos en primera clase, el viaje hasta la parada en Juliaca fue durísimo. El tren se eleva hasta las más gélidas punas de la frontera entre Arequipa y Puno, con temperaturas bajo cero. Las lunas se convertían en hielo y cuando se derretía con el calor  del humor de los pasajeros te mojaba. Los asientos no eran reclinables y muchos optamos por dormir en el suelo. Solo cuando llegamos a Juliaca, con el día, se puede apreciar uno de los paisajes más bellos del país, el tramo cuando del tren pasa por Sicuani, Ayaviri. Allí subían los ambulantes con polleras para ofrecer carnero asado, anticuchos, chicharrones, mote o papa con ajicito. El paisaje de eucaliptos, el río, llamas, alpacas, ovejas. El olor a naturaleza viva inflaba y purificaba mis contaminados pulmones de un universitario de 18 años llegado de Lima, una selva de concreto. En Cusco me alojé en una preciosa casona camino a Sacsayhuamán, desde donde se veía toda la ciudad y la Plaza de Armas. En ese tiempo, 1980, Cusco era un pueblo para los ciudadanos del mundo, sin distingos de nacionalidad, pero sobre todo, de dinero. No había hoteles cinco estrellas ni restaurantes cinco tenedores. Los hoteles más caros eran baratísimos para los extranjeros y había posada hasta de 2 dólares para los 'mochileros'. En las noches, en la discoteca 'Abraxas' o en la movida calle 'Procuradores', se juntaban  millonarios de Park Avenue con jóvenes estibadores españoles, universitarios brasileños o artesanos bolivianos. El tren, para ir a Machu Picchu, era uno solo y únicamente variaba el horario. Con el ticket más barato te levantabas a las 5 de la mañana para salir a las 6. El otro te permitía salir a las 9. Todos los turistas íbamos juntos. Nunca, en la más fantasiosas de las ficciones, esos turistas podían imaginar que 30 años después, luego de un terrible desastre, la ayuda se iba a segmentar entre los que llegan del 'primer mundo' (USA, Japón, Europa) y 'el resto', léase latinoamericanos en general. ¿Qué diría la mexicana Emilia que me robó el corazón en las alturas de Machu Picchu? Me quedé corto, mañana continúo. Apago el televisor.

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