7 de febrero de 2010
Carta de Pancholón
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Muchos pueden pensar que esto es cuento, pero es la pura verdad. Pancholón estuvo grave y pensó que se iba a la otra. Por eso, desde la cama de una clínica local, envió una sentida carta a su fiel discípulo, el Chino del Callao. Hasta el cierre de esta edición seguía internado, pero los médicos le dieron esperanzas como a Salvador Cabañas. Imagínense que un 'malazo' con su boca corrió la voz que el 'maestro' había pasado a mejor vida y la noche del viernes pusieron listones negros en la entrada de 'Las cucardas' y 'El botecito', pero fue falsa alarma. El Chino llamó urgente al Chato Matta, pidió una res de pisco en el bar de Felipe y leyó la carta en voz alta: "Chino, sufrí un preinfarto por un colerón que tuve por culpa de un 'nacho' a quien salvé de ir preso, pero me cerró con parte de los 5 mil dólares que le cobré por mis servicios. No importa, el mundo da vueltas y todo se paga. Ya se las verá conmigo. Hijo, lo que sentí fue horrible y no se lo deseo ni a mi peor enemigo. El 'bobo' comenzó a zapatearme fuerte y la cabeza me daba vueltas. Sentía que me iba. Les juro que en ese momento ingresé a un túnel oscuro y, al final, vi una luz blanca. Cerré los ojos, pensé que era el fin y me dije resignado: 'Perdiste, Pancholón. Hasta acá llegaste'. Pero de pronto, ante esa luz comenzó a desfilar todo el 'ganado' que pasó por mis brazos en 'La posada': Rubias, negras, cholas, flacas, caderonas, caballonas, chatitas, calzoncitos limpios, sucios, las de su casa, las sufridas, las sangronas, 'fuleras', 'sembradoras', 'matreras', actrices, lloronas, novias, casadas, viudas... en fin. Eran tantas y casi todas me decían llorando 'te odio, Pancho, te odio. Eres una basura'. Les doy la razón. La verdad es que nunca las amé. Mientras ellas abrazaban el deseo de atraparme con sus faenones en el 'telo', yo terminaba y quería irme corriendo a mi casa.

Siempre fui así. Nunca pude ser fiel a ninguna mujer. Pero hijo, estar al borde de la muerte me hizo recapacitar. Chino, como Julio Iglesias, me acosté con cerca de tres mil mujeres. En mi época de gloria en la radio tenía carro del año, viajaba a cada rato al extranjero, dólares, iba a los mejores restaurantes, me amanecía en las calles, pero al final me sentía triste y vacío. De esas centenares de mujeres a las que las hice feliz con el 'salto del chanchito', ninguna me amó de verdad. Ninguna está a mi lado, solo mi adorada viejita y mis 'chanchitos'. El médico me ha puesto a dieta estricta, debo hacer baños de asiento con llantén para la próstata y bajar 20 kilos. Así que, Chino, te dejo la cancha libre porque voy a colgar los chimpunes. Y para que veas que hablo en serio, te dejo mi Nextel con todos los nombres de mis cueritos. Ese directorio vale oro, solo te pido que dejes bien a los varones, no te enamores ni te dejes sangrar". El pobre Chino estaba hecho un mar de lágrimas: 'Mi maestro no, no se puede retirar'. ¿Será verdad que Pancholón va a cambiar? Me voy, cuídense.

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