|
Gran conmoción causó, entre los 'agarres' de Pancholón, la noticia de su internamiento en una clínica a causa de un preinfarto. Todas lo llamaban a su Nextel, pero el maestro se lo había entregado al Chino del Callao, jurando no volver a trampear nunca más. Eran decenas de llamadas que el Chinito contestaba hasta de madrugada. 'Panchito, mi amor, ¿estás bien? Yo te levanto con una movida', le imploraban. Y el Chino les contestaba: 'No, flaca. Soy yo, el Chino. Solo te puedo contar que mi maestro ya está mejor, pero no te puedo decir dónde está internado, me lo han prohibido'. Llamaron tantas mujeres que el Chino se puso 'carretón' y, como ya conoce algunas mañas, soltaba su veneno: 'Mejor olvídate de Pancho, está muy mal de la próstata. Tienen que operarlo y todas las noches debe hacerse baños de asiento con llantén. El pobre está fregado'. Apenas decía eso, las mujeres colgaban molestas.
Hasta que el jueves llamó Karen, la espectacular rubia al pomo, dueña del trasero más grande de Chucuito. Por ella babean viejos empresarios sesentones que no dudan en regalarle 200 ó 300 dólares de propina por sus caricias. Karen es tremenda 'matrera', nunca ha amado a nadie, pero tiene un pacto de sangre con Pancholón, quien la salvó de ir a 'Santa Mónica' cuando se metió con un 'nacho' de alto vuelo. Por eso llamó a su Nextel y cuando el Chino supo que era ella, se volvió loco porque siempre le tuvo ganas. Se disfrazó de Tiger Woods, del tremendo partidor de John Terry y comenzó a tirarle maicito: 'Hola, Karen. Pancho no te puede hacer el 'salto del chanchito', pero aquí está tu Tarzán', le dijo meloso. ¿Qué haces tú con el Nextel de Panchito, ya está mejor? Quiero verlo', le dijo ella cortante. Pero el Chino no aflojó: 'Ni hablar, ya no pasa nada con el hombre. Acabo de regresar de Miami con unos regalos. ¿Por qué no adelantamos el 'Día de San Valentín'? La flaca vio visión. 'Salgo contigo si me llevas a un buen sitio, pero por favor, no le digas nada a Panchito'. El Chino no lo podía creer. Al día siguiente se encontraron y después de un par de reses de pisco enrumbaron a La Posada, el hotel de los amantes. El Chino estaba en su gloria porque Karen era toda una artista, gemía de placer. 'Soy un tigre, soy un tigre, no soy monse con las mujeres', repetía el tonto del Chino para darse valor. Todo iba de maravillas hasta que en medio de la oscuridad del cuarto, Karen comenzó a gritar: 'Sigue, sigue, Panchito, no pares, Panchito, eres lo máximo'. El pobre Chino se derrumbó. Al final se quedó dormido y, cuando despertó, la 'matrera' había abierto su billetera y se había llevado los únicos 100 dólares que le quedaron después de todo lo que gastó. Pobrecito". Pucha, qué triste la vida de ese muchacho. Me voy, cuídense.
|