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El fotógrafo Gary llegó por unas sabrosas chuletas fritas, con arrocito blanco, papas sancochadas, ensalada de cebolla y un refresco heladito. "María, hoy llegué bien temprano a la redacción y recibí el susto de mi vida. Cuando entré, no había nadie, o eso creía yo, así que me dirigí a mi escritorio, cuando a los pocos segundos veo pasar por mi costado una silueta negra como la noche. Te juro que los pelos se me pararon de la impresión, pues creí que era un alma en pena. Pero no, era mi amigo 'El sonámbulo', el periodista más misterioso que conozco. 'Hola', me dijo con su voz ronca. Fumaba su clásico cigarrillo negro. Pese al sol, estaba vestido como siempre: Sacón negro y sombrero a lo Eliot Ness. El hombre ha visto tantos muertitos en su carrera periodística que la morgue para él es como su segundo hogar. Pero fuera del trabajo no soporta ver nada que le recuerde a la sangre. Por eso nunca come bistec frito, menos si es a la inglesa, anticuchos ni sangrecita de pollo. Tampoco puede saborear una gelatina y jamás toma vino tinto, solo pisco puro. Apenas me vio, me dijo: 'Gary, como amigo te digo que si algún día te pagan mal en el amor y tienes ganas de cometer una locura, recuerda que no vale la pena y piensa en tus hijos y tus viejitos. Te lo digo porque me parece absurdo lo que hizo un humilde mozo de pollería, de 27 años, quien, aprovechando que su conviviente, de solo 21, estaba dormida, la ahorcó hasta matarla. Él luego contó a los policías que 'muchos me decían que me engañaba, pero seguía con ella porque la amaba'. Hasta que se armó de valor y, cuando le tocó su día de descanso, fue a esperarla a la salida del restaurante donde trabajaban juntos, para ver qué hacía. Lo que dice haber presenciado lo transformó en otra persona: Ella se besaba con otro hombre en un taxi. Destruido, se fue a casa a esperar a su amada. Cuando llegó, le reclamó y tuvieron una fea pelea. Después, ambos se fueron a descansar, sin saber que esa sería la última noche de la mujer en este mundo. Luego de matarla, el mozo quiso suicidarse y fue a la Costa Verde a lanzarse por un acantilado, pero no tuvo el valor. Ahora ese muchacho deberá pasar muchos años encerrado. Es una locura'. Qué historia tan triste. Me voy. Cuídense.
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