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Este Búho siente estupor, rabia, indignación y se pregunta ¿en qué mundo vivimos? En mi cerebro no cabe, resulta inconcebible que hijos maten a sus padres. Algo terrible debe estar sucediendo en nuestra sociedad para que estén pasando estas cosas. Ya se está volviendo común leer en las páginas policiales terribles dramas familiares, que acaban en desgracias. A mi mente vienen las imágenes de una agraciada jovencita, Giulianna Llamoja, quien en marzo del 2005 apuñaló y asesinó a su madre Carmen Hilares. La noticia fue impactante, pues la muchacha era hija de un conocido juez. Lo que más me llamó la atención fue uno de los relatos de la ahora escritora de poemas: 'Esa noche yo tenía planeado salir con mis amigas a bailar. Como a las 6 de la tarde me fui a la bodega de la esquina a comprar una botella de Coca-Cola y dos sobres de raticida, porque quería hacer un experimento: ver de qué color se ponía la gaseosa con el raticida. Pero al momento que estaba echando el veneno en la gaseosa se me vinieron imágenes a la mente, entre ellas la de mi mamá. Entonces, me asusté porque yo asocié veneno con mamá'. Increíble. Otro crimen fue el de la empresaria Myriam Fefer, uno de los más sonados de la alta sociedad limeña. Ella fue asesinada en su propia casa por un sicario colombiano, quien muy suelto de huesos aseguró en una cárcel argentina que Eva Bracamonte Fefer, hija de la millonaria, y su pareja Liliana Castro lo contrataron para que les haga el 'trabajito'. Ahora, ambas señoritas están encerradas en el penal 'Santa Mónica' de Chorrillos esperando que la justicia determine si son inocentes o culpables. Pero estos dos casos nos llevan directamente a la muerte de la abogada Elizabeth Vásquez, quien fue encontrada sin vida en la maletera de su automóvil. Una minuciosa investigación policial determinó que su hija, Elizabeth Espino, fue quien planeó desaparecerla para siempre. Dicen que la joven es 'bipolar' y fácilmente manejable, pero eso no la salvará de recibir una larga condena por asesinar al ser más sublime que nos dio Dios. Se me eriza la piel de solo pensar en algo así. Algo se pudre en nuestra sociedad. Apago el televisor.
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