|
A este Búho en su familia lo acusan de sufrir de 'mamitis', ya que desde chibolo siempre me identifiqué más con mi madre que con mi viejo, pese a que es un buen hombre, marido y padre. Y no se diga que ella era consentidora o me protegía demasiado. Para eso tenía a mis abuelos. Ella no solo criaba seis hijos a los que atendía sin empleada. También colaboraba en la economía familiar vendiendo las telas que traía mi padre de la textil donde trabajaba como supervisor. En épocas en que no había pañales desechables, mi viejita también confeccionaba pañales en su máquina 'Singer', para un ejército de madres jóvenes de la Unidad Vecinal Mirones. Con ese ingreso logró tener a sus seis hijos en un colegio religioso. A las mujeres toda la secundaria y a los hombres hasta primaria. Ella era la que me daba el dinero para comprar las novelas de Vargas Llosa, Ribeyro, Arguedas, Bryce, Vallejo, que exigía el profesor de literatura. No todos en el colegio las podían adquirir. Hoy trato de recompensar todo lo que me dio mi madre. Gracias a mi viejita tengo una profesión, ella se merece todo, por su sacrificio. Creo que así deben pensar los hijos. A la madre hay que agradecerle, recompensarla, amarla y rezar para que no se muera nunca. Felizmente, mis amigos piensan igual que yo y aman a sus madres. Por eso mismo no entiendo cómo Elizabeth Espino Vásquez planeó la muerte de su mamá con tanta sangre fría. Porque, sin justificarla, Giuliana Llamoja al menos puede alegar que mató a su mamá en un enfrentamiento físico, pero la otra joven, no. Planificó pacientemente el crimen. Era hija única, la mandaba de paseo a USA, estudió en buen colegio y universidad. Aquí no me vengan a hablar de que es inimputable. Montó una farsa en el velorio y entierro. Mintió con total sangre fría. Definitivamente tuvo un cómplice digno de ella, Fernando González, un tipo arribista, cínico y vengativo. Él vio en la chica un camino fácil para lograr dinero. Con justa razón la abogada se oponía a la relación. Le dio trabajo y comprobó que era un holgazán y todavía ratero. Pobre abogada, no mereció morir así. ¿Qué pasa en esta sociedad para que existan hijas como la Llamoja, Eva Bracamonte o Elizabeth Espino? Apago el televisor.
|