28 de febrero de 2010
El tío terrible
Por El Búho
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Jaime Bayly nació predestinado. Una luz brillante lo ilumina. Siempre ha sabido arreglárselas para ser el centro de atención. Desde que apareció en la televisión cuando era un imberbe, llevado de la mano por un entonces visionario Genaro Delgado Parker, Jaime ya daba señales de ser un encantador de serpientes. Con solo 18 años, no le tembló la voz cuando le preguntó al gran favorito para ganar las elecciones de 1985, Alan García, 'si estaba loco y tomaba litio'. La audacia golpeó fuerte en el elefantiásico ego del candidato aprista que juró vengarse y el joven entrevistador debió marcharse del país, pues luego no pudo conseguir trabajo, como él mismo cuenta con cierto orgullo.
Con los años, no dudó en exponer su propia intimidad y la de su familia, a la que además atacó hasta con metralleta en sus libros y columnas. Ahora acaba de ingresar a otro nivel: anunció su candidatura a la Presidencia de la República -de paso, aprovechando su sobreexposición en los medios, disparó repetidas veces a casi todos los otros candidatos, sino que lo diga Kuczynski a quien tildó de 'viejo achacoso'- presentó a una chibolita ¡24 años menor que él! como su enamorada, se peleó con dos conductores de televisión de su canal porque no le gustó que difundieran algunos párrafos de la novela que iba a lanzar -¡qué ironía!- y amenazó al dueño de esa televisora durante una entrevista concedida al canal de la competencia que, dicho sea de paso, ganó en el rating con su ayuda. Bayly es un provocador. Si no, recuerden el escándalo que hizo en su programa por la Mega TV de Miami, vituperando contra el dueño del canal. Este Búho aprecia al escritor deslenguado que es Jaime, al mordaz e inteligente entrevistador, al irreverente y procaz francotirador de poderosos, pero me resulta insoportable el meloso y zalamero con los politicastros de turno. Como lo dije antes, salvando las distancias, me hace recordar al genial Truman Capote, quien por divulgar las intimidades de sus amistades del jet set, murió solo de una sobredosis, abandonado y vetado en los grandes yates y castillos que fueron su predilección. ¿Cómo acabará Jaimito? Apago el televisor.

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