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El periodismo es uno de los oficios más bellos del mundo. Te da la oportunidad de conversar con presidentes, artistas o una Miss Universo. Ir a restaurantes para millonarios o viajar a los lugares más exóticos. Y también puedes entrevistar al ladrón más avezado, comer de la paila con un asesino encarcelado o lograr que una lolita te cuente sus secretos, esos que no confesaría a nadie más. Pero así como tiene esas cosas únicas, también debo decir que es una de las ocupaciones más peligrosas del mundo. Lo acaba de demostrar el juez Raúl Rosales Mora quien, mismo Abencia Meza, encañonó al reportero gráfico de 'Caretas', Carlos Saavedra, solo porque osó tomarle una foto. ¿Y si se le escapaba un tiro a ese magistrado que cree está en el Far West (lejano oeste)? Este sería el momento en que tendríamos a un nuevo mártir de la pluma. A mi mente vienen los terribles días posteriores a la matanza de Uchuraccay, en la puna de Ayacucho, donde ocho periodistas, además de un guía y un lugareño, perecieron brutalmente masacrados.
La versión oficial fue que los comuneros los confundieron con terroristas porque los Sinchis les habían dicho que todo el que llegara por tierra a ese inhóspito lugar sería senderista, pues la policía solo iría en helicópteros. Pese a las advertencias de peligro, los hombres de prensa, como los aguerridos sabuesos que eran, se dirigieron al lugar aquel fatídico 26 de enero de 1983 para investigar una masacre cometida por Sendero en un sitio vecino. Willy Retto, Jorge Mendívil, Félix Gavilán, Jorge Sedano, Eduardo de la Piniella, Amador García, Pedro Sánchez y Octavio Infante pagaron con sus vidas su arrojo por conseguir la primicia. La otra versión, la no oficial, asegura que fueron los militares quienes acabaron con ellos. Lo concreto es que Willy Retto dio su último aliento siendo periodista. Hasta el momento de su muerte, siguió disparando su vieja cámara fotográfica. Fueron nueve vistas que permitieron reconstruir en algo esa monstruosa matanza. Historias más recientes de periodistas mártires nos cuentan de casos como el de Alberto Rivera Fernández, asesinado hace seis años por sicarios que acusaron al ex alcalde de Coronel Portillo, Luis Valdez Villacorta, de haberlos contratado para hacer el 'trabajito'. Alberto Rivera le era muy incómodo con sus críticas. Pese a las pruebas, increíblemente Valdez acaba de ser absuelto. Apago el televisor.
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