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El fotógrafo Gary llegó por una chita al ajo con yuquitas fritas, ajicito y un refresco de cocona friecito. "María, ayer me encontré con mi amigo 'El sonámbulo', el reportero policiaco más avezado. En el gremio periodístico es una leyenda por sus destapes, su apariencia y costumbres misteriosas: Siempre enfundado en un gabán y sombrero negro, haga frío o calor, y su infaltable cigarrillo negro en la boca. Entra en una especie de trance cuando teclea las noticias en su apartado escritorio, lleno de elevadas rumas de recortes periodísticos de los casos que sacó a la luz, con libros de criminalística y un sinfín de apuntes de sus nuevas investigaciones. Se mueve con pasmosa naturalidad entre los cadáveres hallados en las calles, en viviendas o los que están en la morgue. La muerte y la sangre hace mucho dejaron de asustarlo. Al menos cuando trabaja. Porque cuando va a casa, no soporta ver un bistec frito a la inglesa, sangrecita de pollo, o anticuchos. Tampoco vino tinto o gelatina de fresa. Nada que le recuerde a la sangre. 'Gary -me dijo-, el taxista asesinado a golpes en La Victoria es una nueva demostración de la increíble crueldad de los delincuentes. Durante años me preguntaba por qué matan a sus víctimas, si no hace falta. Para robar un carro no necesitan asesinar. Después de tanto tiempo de estar en este mundo, ya no me hago esa interrogante. Solo lo atribuyo a la maldad. Esos resentidos tienen el corazón podrido y el alma depravada. No necesitan un motivo para quitar la vida. Muchos hasta lo disfrutan. Pero así como son malditos, también son los peores cobardes. Porque cuando los agarran lloran y hasta ruegan de rodillas que los suelten. Siempre me dieron asco. Al final, el carro lo venden por unos 800 soles a los 'reducidores' que lo desmantelan hasta en dos horas. Todas las partes las venden al menudeo en el mercado negro. Así que cuando alguien va a esos lugares a adquirir un repuesto, debe tener presente que tal vez está comprando la parte de un carro robado cuyo dueño fue asesinado. Y mientras la familia de un taxista muerto se queda en el abandono, llorando, los criminales se gastan la plata en trago y prostitutas. Por eso el pueblo exige la pena de muerte, y yo también creo que no hay otra salida. Los delincuentes tienen tomadas las calles y algo debemos hacer para defendernos'". 'El sonámbulo' tiene razón. Me voy. Cuídense.
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