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Este Búho recordaba anécdotas de la gran Jesús Vásquez, como esa en que el dictador Manuel Odría se quiso aprovechar de la guapa cantante cuando visitó la casa presidencial de verano ubicada en La Perla, en el jirón Arica y la Costanera, que hasta hoy existe. La artista dignamente eludió al dictador que cayó de bruces y se fracturó la cadera. Esa mandada le pudo costar la Presidencia porque durante su convalecencia, su socio golpista, el general Zenón Noriega, pretendió darle un golpe de Estado. Mi tío Edgardo Marca, gran admirador y asiduo concurrente a sus shows, se sabía todas esas anécdotas porque Jesús Vásquez tenía un gran jale con los hombres. Muchos perdieron la cabeza por ella, pero 'La reina' era como la protagonista de 'La condesa descalza', Rita Hayworth, que hace de una actriz española en Hollywood y que se negaba a darle bola a varios millonarios y se metía con quien le dictaba su corazón y no se fijaba en billeteras. Polo Campos cuenta que quiso casarse con ella, pero la criolla estaba muy enamorada de un jefe de la policía que le mandaba patrulleros para que la movilicen a sus presentaciones. Le escribía canciones, le mandaba rosas pero, según confiesa el compositor, ella no terminó con el policía. En momentos en que la música popular tiene exponentes que no solo cantan, sino hacen negocios, talleres de mecánica, panetones, 'fiestas de aniversarios' o cachuelean en programas concursos como jurados, la imagen de Jesús Vásquez se yergue como una mujer entregada totalmente al canto. Sin importarle aquellos que la criticaban por el poco apego a tener propiedades o lujos, salvo, eso sí, estar bien maquillada y con buena ropa, hasta anciana. Como bien señala el 'Cholo' Luis Abanto Morales: 'ella a veces no cobraba, porque malos empresarios se aprovechaban, pero no se iba a su casa, cantaba igual. Una noche, en Los Ángeles, cantó y me dijo: 'Me tengo que ir a Lima para llegar a la procesión. Cobra por mí', y se fue. Porque era profundamente devota del Señor de los Milagros, ya que nació a pocas cuadras de Las Nazarenas, en el barrio de Pachacamilla. Pero el empresario tramposo no le pagó. Así era ella'. El homenaje de la OEA lo tuvo bien merecido, como la pensión que le dio el gobierno de Alan García, su gran admirador, hay que reconocerlo. Aunque durante su velorio desentonó cantando 'Milagro'. Más que criollo, parecía Pavarotti por su volumen, pero debió recordar que había una matanza de mineros en Arequipa y su lugar debía estar en otro lado. De la guardia vieja, estaban Esther Granados, Polo Campos y "scar Avilés. Figuras emblemáticas de un criollismo que muere físicamente, pero perdurará en el recuerdo. Como la gran 'Reina y señora de la canción criolla'. Apago el televisor.
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