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El fotógrafo Gary llegó por una parihuela de mariscos con yucas y arrocito blanco. "María, me conmovió leer el domingo en Trome el informe sobre los niños que trabajan en el Perú. Suman más de 3 millones y la mayoría hace labores tan duras que, estoy seguro, muchos adultos no lo soportarían. Varias horas al día escarban en cerros de basura pestilente para encontrar plástico y cartones que puedan vender; o cargan pesados bultos en La Parada, en medio de rateros y borrachos, por unos céntimos. Muchos adultos llorarían si solo tuvieran que hacer esas cosas un solo día. Pero ahí están nuestros pequeños, exponiendo sus vidas, a vista y paciencia de todos y nadie hace algo. Quién no se ha topado con estos pequeños en los semáforos, mendigando unas monedas. Estamos hablando de 3 millones, que por trabajar como esclavos no saben lo que es jugar y, menos, estudiar. Como decía una experta en el informe, esos menores están condenados a la pobreza para siempre. Muchas veces son los mismos padres quienes los ponen a trabajar y los golpean si no llevan algo de plata a la casa. Después nos preguntamos por qué hay tantos asaltantes y asesinos 'mata por gusto'. La misma sociedad no solo les niega la salud, también educación y un ambiente de amor para crecer con normalidad. Siembra en ellos la terrible semilla del resentimiento y el odio. En la otra vereda, están los padres que les dan todas las cosas materiales a los hijos, pero menos amor. O los engríen tanto que les sueltan las riendas para que hagan lo que quieran, anden con gente de dudosas intenciones y se amanezcan en lugares que nada bueno les pueden dar. No, si yo siempre lo he dicho: Criar hijos es el trabajo más difícil y delicado que existe. A nuestros pequeños hay que amarlos y demostrarles que los amamos. Debemos hablarles siempre y enseñarles lo bueno y malo de la vida. Tenemos que escucharlos todas las veces que quieran conversar. Darles la mejor educación posible. Pero también debemos ajustarles las manijas. Que aprendan que nada en la vida es gratis y todo se consigue con mucho esfuerzo. Hay que forjarles el carácter. Y todo eso con autoridad y cariño, sin levantarles la voz y, menos, golpearlos. ¿Es eso fácil? Claro que no, pero si los amamos, hay que intentarlo todos los días. Y ya es tiempo que el gobierno saque programas sociales que se ocupen de los niños explotados, de las madres abandonadas y de los viejitos que están en las calles. ¿Que no hay plata? ¡Qué raro! Entonces, ¿de dónde salen todos los millones que los corruptos le roban al Estado?" Qué terrible ver a tantos niños abandonados en las calles. Es hora de hacer algo. Me voy, cuídense.
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