16 de junio de 2010
ONCEPORONCE: El fin de las utopías
Por Eloy Jauregui/Escritor y Poeta
Estaba con su polo de Brasil. El filósofo kantiano Urbino Díaz es así, oportunista. Debajo de su 'canarinha' puede ver la camiseta de Portugal. Piña. Los de Cristiano Ronaldo jugaron horrible. Yo le indilgué lo que dijo el entrenador de los 'lusos', Carlos Queiroz:

 "Aquí no se trata de jugar bien al fútbol. Lo que importa es quedar entre los dos primeros porque si no, nos vamos para casa. Así de sencillo". Díaz replicó: "Ese huevas es un resentido y tacaño". Luego pidió media docena de 'Choritos a la chalaca', en lo de Mayo Mujica de Lince, cuando empezaba el Brasil-Norkorea.
Urbino alzó la voz para decir que en 1966, mientras estudiaba metafísica en Inglaterra, fue el único peruano testigo de aquel heroico antecedente de los asiáticos. "Guarda con esos chinitos. Yo vi a Pak Du Ik hacerle el gol del triunfo a Italia en ese mundial. Luego me hice su pata. Luego metió la pata. Le dije que estudiara metafísica. Y terminó de profesor de Educación Física. No hay nada que hacer, el fútbol es una Drogba". La gente lo aplaudió.
El sitio es ideal para hablar de fútbol. Llega Mifflin con José Fernández. Los dos jugaron contra el 'Scratch' en México 70. "Ese fue el mejor once que vieron estos ojitos que un día se los comerán los gusanos", insistió Urbino. Y la gente aplaudió con mayor furor. Pero luego de 92 minutos de juego, solo quedará un nombre para la memoria: Ji Yun Nam, ese norkoreano que descontó a 3' para el final y que casi convierte el carnaval brasileño en un velorio. Antes, Maicon y Elano nos hicieron creer que estábamos frente al Brasil invulnerable y de juego fino. Luego, de un trámite insufrible, nos dimos cuenta que el equipo de Dunga es tan frágil como la nuca de mi amada.
Cuando Urbino pidió 'apoyo logístico', aquellos sicotrópicos que lo convierten en un F-18, nadie le hizo caso. Uno está acostumbrado a que Brasil no solo gane sino que juegue bonito. Pero la crisis también ha llegado al fútbol. Ningún mundial fue tan feo y mezquino como este. Salvo Alemania, el resto empató o ganó con los calzones en la mano. E igual que Urbino babeaba dormido junto a la cocina. Este fútbol de Sudáfrica, también.

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