Rogelio Guerra
Rogelio Guerra

Este recibe unos correos muy curiosos de mis jóvenes seguidores, todos parecidos: ‘Buhito, dice mi mamá que escribas sobre la muerte de una estrella de televisión de sus tiempos, el mexicano, que cuentan era un galán de telenovelas que tenía enamoradas a todas las mujeres del Perú’. La verdad es que me puse a pensar en los años maravillosos. ¡¡Murió Rogelio Guerra!!, el galanazo de la telenovela ‘Los ricos también lloran’, esa que paralizaba al país en aquel tumultuoso 1979. Era un año de huelgas, movilizaciones, paros nacionales del Sutep, la CGTP y las universidades para acabar con la dictadura militar de Morales Bermúdez, pero nadie marchaba o se realizaban asambleas a la hora en que se transmitía la telenovela producida por Valentín Pimstein para Televisa.

Hasta los más radicales se conmovían con la producción mexicana que hacía más de 50 puntos de rating. Esta columna la escribo pensando en mi viejita Chayo. Con ella veíamos ‘Los ricos también lloran’. Frente a ese televisorsote Andrea enclavado en la sala se reunía toda la familia para ver esa mítica telellorona. Era la clásica historia de la Cenicienta en versión ‘Enchilada Story’, como calificaron en Estados Unidos al boom de las telenovelas charras en los años setenta y ochenta. ‘Mariana’ (increíble Verónica Castro) es una muchacha que llega del interior hecha toda una salvaje, ‘cochineli’ y mal vestida, mejor dicho achoradaza, aunque en el fondo, muy en el fondo, tiene una gran belleza física, pero se la pasa jugando con los chavos en la calle y lustrando zapatos. Un cura la recoge y le pide a un millonario que le dé trabajo como empleada y para que aprenda modales de señorita. Pero ese millonario tiene un hijo ‘playboy’, vago y mujeriego, ‘Luis Alberto’ (Rogelio Guerra en su mejor momento), quien desprecia a la intrusa, pero para desquiciar a su padre la enamora. La madre de ‘Luis Alberto’ es una apañadora, y hay una prima, ‘Esther’, que es una arpía, quiere casarse con el heredero y odia a ‘Mariana’ y le hace la vida a cuadritos.

El culebrón se sazonaba con un secreto: ‘Mariana’ no es una caída del palto, es heredera de una gran fortuna, pero no lo sabe. Con este argumento y con su excelente actuación, Verónica Castro, quien vendió millones de discos con el tema de la telenovela, ‘Aprendí a llorar’, se hizo famosa en el mundo entero. Fue la telenovela más exitosa en la prolífica historia de culebrones mexicanos. La exportaron a ¡¡150 países!!, en América, Asia, Europa y África. Se dobló a 25 idiomas: inglés, portugués, italiano, hindú, ruso, chino, entre otros. Nunca la familia peruana estuvo más unida que en las horas en que ‘Luis Alberto’ y ‘Mariana’ luchaban por su amor ante la malvada ‘Esther’ (Rocío Banquells, más mala que nunca). La gira mundial de Rogelio Guerra y Verónica Castro llegó a Perú a finales de 1979. Recuerdo a mi tía Nena Marca y sus amigas Carmen Chacón, Adriana y Marga Swayne de la Unidad Mirones, tomando un taxi para ir al aeropuerto con tremendos afiches con la cara de Rogelio Guerra. Lo miraban y ponían ojos de carnero degollado.

Todas las mujeres suspiraban por el heredero de galanes mexicanos como Jorge Lavat, Joaquín Cordero, Enrique Lizalde, el atildado Enrique Álvarez Félix o Andrés García. Mi viejita se conmovió. Para este columnista, es triste que se vayan muriendo los protagonistas que nos hicieron vivir esos momentos familiares que ya no volverán. Cuando los padres se echaban en el mueble o en la cama matrimonial con sus hijos para compartir una historia, ya sea una película o una telenovela. Cuando los muchachos preferían estar con sus padres y no como ahora, que se sumergen en el smartphone o la laptop, encerrados en sus dormitorios. Ya ni se hablan. Parecen robots. No sentencio ni condeno, solo hago notar la diferencia. Verónica Castro, la inolvidable ‘Mariana’, lamentó la muerte de su galán de telenovela, pero dijo que estaba sufriendo mucho no solo porque este padecía de Alzheimer, sino porque desde el 2015, cuando tuvo un derrame cerebral, había perdido el habla y estaba en cuidados intensivos. Nuestras madres están de luto. Descanse en paz, maestro. Pero ojo, nuestros viejos no se ponían celosos como ahora que hay tanto salvaje feminicida que mata por encontrar un mensajito de wasap en el celular de la pareja. Terrible. Apago el televisor.

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