El fotógrafo Gary llegó al restaurante por su plato preferido: una espectacular chanfainita con arroz blanco graneadito y su rocotito molido. Para la sed, se pidió una jarrita de agua de cocona al tiempo. “María, Gastón Acurio se ha ganado a pulso y por mérito propio todo lo que viene consiguiendo. Es el chef más emblemático de nuestro país y responsable directo de que nuestra gastronomía se encuentre en los ojos del mundo. Su gran cualidad es haber sabido explotar al máximo las bondades y exquisiteces de la comida peruana. Hoy, en muchos lugares del planeta ya saben lo que es un cebiche, anticucho, ají de gallina y lomo saltado, entre otros platos que son una delicia. Y creo que esto es solo el inicio de lo que será el ‘boom’ gastronómico de la cocina peruana. Cuentan que, en sus años mozos, todos pensaban que el chef iba a seguir los pasos de su padre, el destacado militante de Acción Popular Gastón Acurio, quien llegó a ser ministro y congresista. Es más, cuando se fue a estudiar a Europa, le ‘sacó la vuelta’ a su familia y a escondidas empezó a estudiar para chef. Grande fue la sorpresa de su familia, cuando se enteraron que la cocina pudo más que la política. Muchos le recriminaron su elección, le auguraron fracasos, pero el tiempo y su esfuerzo por hacer bien las cosas, sumado a su buena mano para la comida y su buen olfato para los negocios, demostraron que no estaba equivocado. Una gran cadena de restaurantes a lo largo del mundo, que factura millones de dólares, respalda su éxito total.

Ahora, me parece una buena noticia que vaya a inaugurar a mediados de este año un restaurante en Pachacútec, Ventanilla, que se llamará ‘Convida’ y donde se ofrecerán platos a precios de comedor popular. Precisamente ahí donde el prestigioso chef tiene su escuela de cocina. María, a mí me encantan las historias de emprendedores, de hombres y mujeres emergentes que salen de abajo y, con esfuerzo, dedicación y talento, logran el éxito. Hace un par de años se conoció el caso de Jesús Belito Huamaní, uno de los tres alumnos del Instituto de Cocina Pachacútec que ganaron el reto ‘Qaray’, que realizó el restaurante ‘Astrid&Gastón’. El joven contó que cuando decidió ser cocinero, su madre le dijo que sería un ‘simple movedor de ollas’. Pero él no se dio por vencido, decidió hacer un curso de cocina y, entonces, descubrió su verdadera vocación. Para ganarse la vida trabajó en varios oficios y el más duro, según cuenta, fue el de lavaplatos en Huancavelica, donde el agua helada entumecía sus dedos. Como premio, se ganó una beca para seguir estudiando en España. Este tipo de peruanos pujantes, con espíritu de lucha y talentosos, son los que necesita el país”. Mi amigo Gary tiene razón. Me voy, cuídense.

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