Fernando del Águila, 'Largo': "Con la venta de dulces le di profesión a mis hijos" | FOTOS

Fernando del Águila se alejó de la televisión hace cuatro años y dice que no la extraña. Con su perrita ‘Princesa’ recorre el jirón de la Unión, donde la gente lo reconoce y compra sus productos

Fernando del Aguila, 'Largo'
Fernando del Aguila, 'Largo'
Fernando del Aguila, 'Largo'
Fernando del Aguila, 'Largo'
Fernando del Aguila, 'Largo'

Con sus 98 centímetros de altura, es quizá el actor cómico más pequeño del país. Fernando del Águila, conocido como ‘Largo’ o ‘Duby Duby’, se alejó de la televisión hace cuatro años y ahora vende dulces en una pequeña carretilla con la que recorre el jirón de la Unión con su mascota ‘Princesa’.

¿Hace cuánto vende?
Uff, hace 13 años. Hacía esto paralelamente a mi trabajo en la televisión. Gracias a Dios, la gente me quiere y apoya. Siempre soy perfil bajo, más que mi tamaño (risas).

¿Cómo empezó?
Primero vendía chicha en el jirón Paruro y Mercado Central. Traía hielo en mi carro y vendía bien.

¿Hace otros trabajos?
Trabajo también como consultor de belleza de Hidonea, pero la venta de dulces es mi rubro central. Así di profesión a mis hijos. Una es contadora y el otro estudia Negocios Internacionales.

¿Extraña la televisión?
Para nada. Se me complicaba por mi problema en la pierna. Tenía que llegar temprano desde mi casa en San Juan de Lurigancho hasta Jesús María, y grababa todo el día. El cuerpo ya no da, tengo 66 años. Ni sé por dónde se fueron los años, creo que por arriba porque no los vi pasar (risas).

NO VEO MUCHA TV’

¿Qué le parece la comicidad actual?
No veo mucha televisión, pero nada se compara a lo de antes. Le falta chispa y elegancia.

Ingresó joven a la televisión...
Empecé en ‘Estrafalario’ a los 22 años. Antes fui payasito de circo. Luego pasé por varios programas en el 4 y 2, pero mi máximo pico fue en ‘Las mil y una’ de Carlos Álvarez.

¿Cómo viene al Centro de Lima?
Vengo y me voy en taxi. Mi tamaño no se debe a la herencia familiar, el problema es que yo de niño caminaba con piernas para adentro, y me operaron a los 3 años; gracias a Dios ahora camino, aunque sea agarrándome de mi carrito. Yo debería estar en silla de ruedas. Siempre me acompaña mi ‘Princesa’.

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