Cake habló con Trome sobre sus proyectos dentro del muralismo peruano.
Cake habló con Trome sobre sus proyectos dentro del muralismo peruano.

Cake es uno de los jóvenes exponentes del que se viene ganando un espacio en esta industria pese a los estigmas existentes. Y es que, a lo largo de los años, no solo ha tenido que lidiar con un sector con el insuficiente apoyo económico, sino también con los prejuicios existentes hacia los muralistas, siendo confundido muchas veces como vándalos.

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Trome conversó con Cake (Juan Carlos Chávez), diseñador gráfico de profesión y con una carrera de ilustrador que va desde el 2014, para conocer su óptica sobre el muralismo peruano y también sobre la campaña en la que participa y que busca transformar las gráficas obsenas en la ciudad.

¿Cómo nace el interés hacia la ilustración? ¿Cómo se volvió tu pasión?

Empezó cuando era niño, como a cualquier niño que le gusta pintar. Fui nutriéndolo poco a poco, me metí a cursos de pequeño. Cuando empecé a estudiar, todos mandaban a estudiar algo más tradicional. Entré a estudiar arquitectura y luego, por cosas de la vidad, terminé estudiando diseño gráfico. Luego descubrí la ilustración, pero no iba a dejar la carrera. Luego me fui a estudiar Ilustración a Argentina como medio año. Luego regresé a Lima y, por cosas de la vida, empecé a hacer murales. Fue de casualidad, no era mi objetivo. Al comienzo nadie los valoraba, pero ha crecido el mercado. Poco a poco he ido pintando murales más grandes.

Cake, muralista peruano que participa de campaña para transformar a la ciudad. Foto. Facebook de Cake
Cake, muralista peruano que participa de campaña para transformar a la ciudad. Foto. Facebook de Cake

Uno de tus trabajos más destacados es Lowito. ¿Que te influyó para que nazca y qué representa para ti?

Lowito lo tengo en todas partes. Lo creé cuando tenía 6 o 7 años y lo reencontré cuando tenía 24 años. Un día mi mamá me dijo que había encontrado un baúl con diferentes dibujos míos de niño. Los empecé a chequear y era un personaje mal hecho y con la letra garabateada. Así que dije “sería chévere hacer este personaje pero con mi personalidad actual”. He hecho cómics y merchandising de Lowito. Me gustaría darle más tiempo a veces. Pero lo genial de Lowito es que mi arte casi siempre busca que conecte con nuestro niño interior. Nos volvemos más serios y vemos mal a los que juegan. Lowito era como una conexión.

¿Cómo es que decides enfocarte en el muralismo y no en algo tan simple, como digamos hacer graffitis?

Siempre he pensado que el graffiti es un poco de ego, ya que la mayoría de pintas es pintar su nombre o al grupo que pertenece, por ejemplo la U o Alianza. O hay gente que, por destruir la ciudad, ponen insultos cosas malas. En cambio yo lo veía como algo positivo. La calle puede ser una galería para que mucha gente que no tiene acceso a las galerías de arte puedan ver un arte no tan serio, sino un mural que lo va a apreciar, le va a llamar la atención y se interese más por la cultura. Es algo que hicimos con Mike’s, cambiar lo amargo por lo dulce. Agarramos pintas por la ciudad y lo cambiamos por algo que la embellezca.

Uno de los murales pintados por Cake. Foto: Facebook de Cake
Uno de los murales pintados por Cake. Foto: Facebook de Cake

¿Crees que hay más apoyo al muralista en comparación a años pasados?

De hecho, el ministerio de Cultura se ha estado acercando cada vez más. Con lo del COVID-19, empezaron a hacer bonos para muralistas. La gente iba haciendo proyectos personales y los enviaban a los ministerios para conseguir fondos. Está muy bueno que no solo se quede en iniciativa privada sino que el Estado se meta. Lo que también me parece bueno es que han aprendido a diferenciar qué es un graffiti, qué es un ‘street art’ o un mural. A valorarlo. Antes yo pintaba un mural en la calle y llegaba serenazgo pensando que estaba haciendo vandalismo. Ahora se han dado cuenta, toman foto y conversan sobre lo que se está haciendo. Pero sí, siempre es bueno pedir permiso.

Es un trabajo largo un poco largo cambiar esa mentalidad en el ciudadano de a pie.

Es un poco fregado, pero poco a poco se da ese cambio. El chip de la gente está mutando un poco. Como la iniciativa privada y el Estado están apoyando mucho más esto, hay mucha más gente que se anima a pintar.

Si tuvieras que elegir entre viajar o pintar, ¿con cuál te quedarías?

(Risas) La pusiste complicado. Depende, si me dijeras pintar murales en específico, creo que decidiría viajar, ya que podría llevar mi libreta y pintar allí. El mural es igual para mí o para la gente. Pero si me dices pintar en mi libreta, ahí sí la elegiría, es lo que más me alegra.

¿Qué crees que descubriste gracias al muralismo?

Qué difícil. Creo que la perseverancia. Cada pared a la que me enfrento es un reto. Por mis ganas de mejorar, empiezo a pintar proyectos más grandes y es así que ves a un moustruo de 25 metros de ancho por 5 de alto y piensas “¡en qué me metí!”. Pero si lo haces con ganas, va a terminar bien.

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