El ministro de Salud, Óscar Ugarte (Foto: Minsa)
El ministro de Salud, Óscar Ugarte (Foto: Minsa)

Por: Miguel Ramírez/Periodista de investigación*

Muchos peruanos aún no salen de su asombro por la decisión del presidente Francisco Sagasti de nombrar como ministro de Salud a , en reemplazo de la ya tristemente célebre Pilar Mazzetti.

Su nombramiento ha causado malestar en un buen sector de los médicos que, desde marzo del año pasado, enfrentan al maldito coronavirus.

Según manifiestan los galenos, Ugarte sería uno de los responsables, indirectos, de los cientos de peruanos muertos por falta de oxígeno en la parte inicial de la pandemia.

Resulta que el año 2010, cuando era ministro de Salud del expresidente Alan García, Ugarte estableció, a través de una Resolución Ministerial, que el oxígeno medicinal debía tener, obligatoriamente, una concentración de 99% y no de 93%, que era lo usual.

Los únicos beneficiados con esa norma fueron dos grandes empresas extranjeras, enterrando en la quiebra a las pequeñas compañías que les hacían la competencia y no podían llegar a ese nivel de uso.

Se trató de un escandaloso favoritismo con nombre propio, pero casi nadie lo advirtió en ese momento.

Sin embargo, todo cambió en marzo del 2020 cuando empezó la pandemia. El oxígeno empezó a faltar en los hospitales y clínicas. La producción de las dos compañías que tenían el monopolio no alcanzaba para los miles de enfermos que abarrotaban los nosocomios y otros que morían en sus casas asfixiados.

Entonces, milagrosamente, reaparecieron las empresas que producían oxígeno al 93%, como la de Mario Romero Pérez, el ‘Ángel del Oxígeno’, y otros empresarios héroes, aunque también hubo cientos de facinerosos que acapararon el producto y lo revendían a precios exorbitantes.

Fue recién allí cuando se conoció, en su exacta dimensión, la escandalosa resolución que el año 2010 había firmado Óscar Ugarte. Tan perjudicial era esa norma que el Gobierno la tuvo que anular inmediatamente y autorizó que la concentración del oxígeno medicinal volviera al 93%.

Puesto al descubierto, a Ugarte -quien hasta hace poco fue gerente central de Operaciones de EsSalud- no le quedó otra cosa que salir obligado a explicar su controvertida resolución. Sus respuestas lo comprometieron aún más.

“La norma definía en su momento que el oxígeno medicinal era del 99%. Mirando retrospectivamente, ese fue un error. A partir de ahí se ha desarrollado un control monopólico que no existía en ese momento”, reconoció en una entrevista en RPP.

Y, por si fuera poco, agregó: “Probablemente lo puedo reconocer como un error, no revisamos adecuadamente ese informe técnico. Quién sabe quizás detrás de eso había intereses ya”.

Con ese antecedente, Ugarte estaba descalificado para asumir la cartera de Salud. Pero fue propuesto en el cargo por su amiga, la premier Violeta Bermúdez. Ugarte proviene de las canteras políticas de la izquierda, como la mayoría de los ministros de ‘Don Quijote’ Sagasti.

El ‘amiguismo’ es una lacra que se ha expandido en todo el sector público, los funcionarios son los mismos, rotan de puestos y se protegen entre ellos.

Lo primero que hizo Ugarte, por ejemplo, fue defender a su amigo César Cabezas, jefe del Instituto Nacional de Salud (INS). Dijo que el INS no estaba involucrado en el escándalo de las ‘vacunas secretas’.

Sin embargo, el reconocido portal ‘Salud con lupa’ advirtió que dicha institución tiene responsabilidad directa, pues su labor es fiscalizadora y casi nunca sanciona a nadie.

EMPEZÓ EL SHOW

Entretanto, el cuestionando Congreso formó una comisión para investigar la repartija de las dosis. Nadie se opone a eso, pero, conociendo su actuar, lo que buscarán sus integrantes será show y venganza política.

Para empezar, quien la preside es un parlamentario golpista y se han marginado a dos bancadas, argumentando que ambas tienen conflicto de interés con los investigados. Entonces, ¿dónde está la imparcialidad?

Lo mismo hace la procuraduría a cargo de las investigaciones, que el viernes pidió la detención de siete implicados. ¿Para qué detenerlos y perder el tiempo si luego las instancias superiores judiciales les darán libertad?

Ese es el mal ejemplo de los fiscales del caso Lava Jato. ¡El país no necesita show. Las muertes no paran! Lo que queremos es que las investigaciones avancen, se denuncie a los responsables y la justicia los sentencie con todo el rigor y peso de la ley.

Nos vemos el otro martes.

*Los artículos firmados y/o de opinión son de exclusiva responsabilidad de sus autores.