El ministro del Interior Avelino Guillén y el jefe de Policía, general Javier Gallardo. (Fotos: GEC)
El ministro del Interior Avelino Guillén y el jefe de Policía, general Javier Gallardo. (Fotos: GEC)

Desde hace más de dos semanas, en uno de los cajones de su escritorio, el presidente , la misma que dispone el cese del jefe de la Policía, el general PNP Javier Gallardo. Está rubricada por el ministro del Interior, Avelino Guillén, quien pasa al retiro a Gallardo por insubordinación, es decir, por no hacerle caso.

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Pero el mandatorio, hasta hoy, como en muchos otros casos trascendentales, no decide a cuál de los dos mantendrá en los cargos que él mismo los nombró.

“Estamos dándoles el tiempo y el espacio para que resuelvan los problemas”, le dijo el viernes al periodista César Hildebrandt.

, con el derrame de petróleo, cuyo principal responsable es la empresa Repsol. Se trata de un grosero aprovechamiento político en el que participan sus ministros y congresistas de su partido.

Mientras tanto, en la Policía existe un caos por el enfrentamiento público, pocas veces visto, entre un ministro y un jefe policial. Las unidades operativas están casi paralizadas, pues los nuevos jefes designados por Gallardo aún no son ratificados, mientras el hampa crece vertiginosamente. Las intervenciones ruidosas para incautar celulares viejos solo sirven para la foto.

LA POLICÍA POLÍTICA

Según fuentes consultadas, Pedro Castillo ha encontrado en el general Gallardo a su principal aliado para controlar políticamente a la Policía, deshacerse de generales competentes e incómodos para su gobierno, y reemplazarlos por oficiales manejables a sus intereses políticos. El viernes, el exsubcomandante de la Policía, Javier Bueno, denunció en PBO Digital que Gallardo había ascendido a generales a diez recomendados del mandatario.

En diciembre pasado, Gallardo pasó al retiro a generales con una trayectoria trascendente y que desempeñaban puestos claves. El ministro Guillén le pidió que rectificara esa relación. Gallardo apenas hizo un par de cambios.

Luego elaboró una lista con los nuevos jefes policiales, varios de ellos con trayectorias sinuosas. Guillén le ordenó que la cambiara y debía ser firmada por el número dos y tres de la Policía. Gallardo no lo hizo y hasta hoy mantiene su posición.

¿Por qué Gallardo se burla del ministro? Simplemente porque tiene el respaldo incondicional de Pedro Castillo. Gallardo entra a Palacio como Pedro en su casa. ¡Se ha reunido más veces con el presidente a solas que el propio Avelino Guillén!

“Gallardo proviene de lo que era la Guardia Republicana (GR), una institución que se creó para brindar seguridad a los locales públicos. Sus integrantes siempre se sintieron marginados por la Policía de Investigaciones (PIP) y la Guardia Civil (GC). Gallardo ha sido hábil para convencer a Castillo que los ‘repuchos’ fueron excluidos por su condición humilde y provinciana, como él. Con eso se lo ha metido al bolsillo”, me dice una fuente que aún se mantiene en el alto mando policial.

El asesor de Gallardo es el exministro del Interior, Miguel Hidalgo, un general en retiro igualmente proveniente de la Guardia Republicana. Hidalgo tiene también experiencia en ‘saltarse la garrocha’ de sus superiores. Cuando era jefe de la Policía en el segundo gobierno aprista, coordinaba directamente con el presidente Alan García, sin que el ministro de entonces, Remigio Hernani, lo supiera.

Hidalgo, por cierto, se ha reunido con Pedro Castillo y se le vocea como reemplazo de Guillén.

LOS PREFECTOS

Pero Castillo, viejo zorro sindicalista, también ha encontrado en Avelino Guillén a un ministro benevolente para sus fines partidarios. Su mira son las elecciones regionales de este año, que sueña ganar en localidades andinas, a las que llama ‘el Perú profundo’, en donde su popularidad está intacta y sus ministros visitan profusamente casi todos los días.

En noviembre pasado, Guillén nombró como prefectos regionales a trece miembros de la Fenatep, la federación magisterial que creó Pedro Castillo cuando era profesor, a la que se le vincula con el Movadef, el brazo político de Sendero Luminoso.

Los prefectos, en la práctica, hacen proselitismo político. Perciben un sueldo de S/ 4200, que ya quisiera ganar un maestro de escuela.

“El ministro Guillén es un hombre de fe”, le dijo Castillo a Hildebrandt en la entrevista del viernes.

En resumen, tanto Guillén como el general Gallardo le son funcionales al mandatario para continuar con su desgobierno y protegerse de las investigaciones que le esperan. Nos vemos el otro martes.

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