Piura: Malos jueces protegían a banda de extorsionadores 'Los malditos de la reconstrucción' | FOTOS

Abogados defensores eran los nexos con magistrados que liberaban a integrantes de organización criminal

Piura
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La policía de Piura descubrió que la temible banda ‘Los malditos de la reconstrucción’, liderada por Jorge Quezada Carmen, ‘Pantera’, tenía una red de jueces que los protegían para salir limpios de las denuncias y continuar con sus extorsiones y crímenes.

Según se indica en el expediente 06525-2018-1-2001-JP-PE-02, la organización contaba con redes de protección que aseguraban su permanencia y funcionamiento. Para ello contaban con abogados defensores, quienes los asesoraban con estrategias jurídicas en las actividades ilícitas que realizaban.

NEXOS ILÍCITOS

“También son nexos con los magistrados que ven las investigaciones en las cuales desean salir favorecidos”, refiere el documento.

Por ello, la policía solicitó la resolución judicial que ordenó la detención preliminar por diez días contra los 26 capturados la madrugada del último viernes en las ciudades de Piura, Chiclayo, Lima y Sullana, emitida por el Segundo Juzgado de Investigación Preparatoria de Piura, pese a que se iba a realizar el megaoperativo en Sullana, esto para evitar que los miembros de la organización fueran alertados de la intervención policial.

Tal es así, que en el caso de los policías Walter Salazar Salcedo y Efraín Vera Camargo, quienes trabajaban en la comisaría de Marcavelica, se conoció que estos brindaban seguridad en los terrenos usurpados y alertaban de operativos en su contra. Mientras que su colega Miguel Rivera Córdova, quien trabajaba en la comisaría de Cerro Mocho, participaba directamente en los trabajos de usurpación de tierras. Todo ello a cambio de fuertes sumas de dinero.

Con respecto a los comandantes del Ejército, Javier Oswaldo Tarqui Mercado y Duber Iván Gamboa Herrera, este último, quien laboraba en el Cuartel General de la Primera Brigada de Caballería de Sullana, agenciaba de armas, granadas de guerra y dinamita a la organización, además de informar sobre los postores de obras licitadas del Ejército para que saquen provecho de ellos. Mientras que el primero enviaba a sus subalternos para chalequear los terrenos usurpados.

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