Leandro Reaño y Marita Alpaca cuando todo era felicidad.
Leandro Reaño y Marita Alpaca cuando todo era felicidad.

Hace más de 30 años, el término no era utilizado todavía por la prensa ni se había instalado en nuestro vocabulario, pero la violencia contra la mujer estaba tan presente como hoy. Y la madrugada del 19 de agosto de 1990 ocurrió unos de esos que sacudieron la conciencia de todo el país y quedaron para siempre en la memoria de los que vivieron aquella convulsionada época. Ese día, el acaudalado banquero José Leandro Reaño Cabrejos lanzó por la ventana del piso 19 del hotel Sheraton a su amante, Marita Alpaca Raa, dando inicio a uno de los casos policiales más sonados y novelescos de nuestra historia.

EL DESCUBRIMIENTO

En las primer horas de aquel 19 de agosto, huéspedes y trabajadores del Sheraton se toparon con una macabra escena. El cuerpo desnudo de una mujer yacía al borde de la piscina ubicada en la terraza exterior del establecimiento. En un primer momento, el cadáver fue identificado como Fernanda del Águila Ruiz, empleada de limpieza de 37 años. Pero la la propia madre de Marita la reconocería al día siguiente al ver la foto publicada en los periódicos. Tenía solo 33 años. Los primeros indicios hablaban de un suicidio, pero en cuanto comenzó a escarbarse más en el fondo del asunto, se descubrió la verdad. Marita había sido arrojada desde el piso 19.

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EL INICIO DE TODO

Leandro Reaño era un gerente del Banco de Comercio de 41 años y heredero, además, de varios negocios derivados de la actividad minera, mientras que Marita Alpaca se desempeñaba como azafata y estudiaba idiomas. Tenía un hijo pequeño, cuyo padre la había abandonado. Ambos se conocieron fortuitamente cuando el pequeño carro de Marita casi choca el lujoso auto de Leandro. Ofuscado, el hombre de negocios bajó de su vehículo para resolver el problema, a golpes si era necesario, pero se encontró con una joven guapa, asustada y confundida. El flechazo para él fue instantáneo. Le envió flores por el inconveniente y luego la invitó a salir. Se hicieron pareja y él la llevó a vivir a un departamento en San Isidro. Todo parecía ir de maravillas, pero ella quería tener un hijo con él y el banquero se negaba. La madre de Marita contaría después que ella llegó a quedar embarazada, pero que él la hizo abortar dos veces.

EL CRIMEN

La noche del 18 de agosto de 1990, Reaño llevó a Alpaca al Sheraton y disfrutaron de una espléndida cena, cuya cuenta fue de 510 millones de intis de aquella época. Luego se instalaron en una habitación del piso 19 de aquel hotel 5 estrellas. En algún momento de la madrugada discutieron por alguna razón. Él la golpeó y la terminó arrojando por la ventana. Haciendo uso de su dinero e influencias, el banquero viajó a Brasil y pagó 200 mil dólares a malos policías para alterar los expedientes y abrir varias líneas de acción en su defensa. Se alteraron y borraron varias huellas de la escena del crimen. Comenzó entonces una campaña de desprestigio contra Marita, a la que se acusó en la prensa de ser una prostituta de élite.

Cuando la madre de la víctima fue a la morgue a recuperar el cuerpo de su hija, alguien ya alguien había pagado 3 mil 500 dólares por un entierro lujoso en el nicho B-32 del cuartel Natalia del Cementerio del Callao. El principal sospechoso había desaparecido, protegido por la Policía, y se encontraba desde el 22 de agosto en Río de Janeiro, esperando que las aguas se calmen para volver.

EL ÚTERO DE MARITA

La valiente madre denunció entonces que su hija estaba embarazada cuando murió y la verdad comenzó a abrirse paso. Reaño regresó al país y fue detenido, pero negó que alguna vez la hubiese hecho abortar. Exhumaron el cadáver, lo examinaron y la Policía dijo que en el útero no había rastros de aborto. Pero la madre logró demostrar que ese órgano no era de su hija, que lo habían cambiado y entonces apareció en el diario ‘Extra’ de aquellos años un gran titular que se preguntaba: “¿Dónde está el útero de Marita?”, el cual después sirvió de inspiración para una conocida web.

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EL CASTIGO

Reaño, que fuera inmortalizado por el cómico Carlos Álvarez con la frase: “quítame la cámara”, fue condenado en 1995 a siete años de prisión por el delito de homicidio simple y al pago de una reparación de 200 mil soles a Corina Raa, la madre de Marita. Sin embargo, salió en libertad en 1998 y solo llegó a pagar 120 mil soles, pues luego hizo correr el rumor de que había fallecido de cáncer terminal. En el año 2012, un programa de televisión lo sorprendió, ya con 63 años, paseando por Miraflores, aunque se negó a declarar a la prensa sin mostrar signos de arrepentimiento.

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