Joven emprendió negocio con venta de lechugas orgánicas
Joven emprendió negocio con venta de lechugas orgánicas

En Huancavelica, donde el frío te rasga la piel y el viento te congela los huesos, los niños suelen correr detrás de una pelota soñando jugar con Lionel Messi o Paolo Guerrero. Es algo común ver a los pequeños saltando y brincando. Unos años atrás, un niño llamado Ronaldo Bravo Fernández, en honor al crack brasileño, solía jugar fulbito durante el recreo en la Institución Educativa N° 22081 del anexo de Angasmarca o cerca de su casa, en el distrito de Cocas, provincia de Castrovirreyna.

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Él no era muy hábil con la pelota, a diferencia de sus amigos; era más bien un niño tratando de divertirse, sin tener idea del peso de su nombre más adelante. Lo que realmente le hacía feliz a Ronaldo era sembrar y cosechar papas, trigo, habas y todo lo que la chacra de sus abuelos podía producir. Nada lo distraía cuando estaba en el campo. Estaba atento a que nadie maltratase las plantas y apuntaba en su cuaderno las fechas exactas para saber la época adecuada para cosechar. Sorprendía que a tan corta edad sea tan metódico con esos detalles que, ni al más hábil de los agricultores, se le hubiese ocurrido. “Sembrar en una época que no corresponde, afecta la calidad del producto”, comenta con sabiduría Ronaldo.

Todo futuro para su progreso estaba lejos de Huancavelica y así lo entendieron sus padres. Aquel niño curioso que cuidaba las chacras de sus abuelos viajó a los12 años a la ciudad de Lima para empezar una nueva vida junto a su familia en el distrito de Villa El Salvador (VES). En la capital, no había verdes campos ni animales pastando, solo enormes edificios y calles de concreto. Sin embargo, siempre trataba de buscar algún espacio que le recordara a su tierra querida. Y esto sucedía siempre que llegaban los inviernos a VES. Las plantas cubrían por completo los cerros y Ronaldo se sentía nuevamente como en casa, como si estuviera en el distrito de Cocas.

Esa conexión que sentía por el medio ambiente despertó su curiosidad por la investigación al terminar el colegio. Por eso, cuando les dijo a sus padres que estudiaría la carrera de Ingeniería Ambiental, no fue una sorpresa para ellos. Hoy, está cursando el noveno ciclo en la Universidad Nacional Tecnológica de Lima Sur (UNTELS) y figura entre los primeros lugares de su promoción. Aún tiene muchos proyectos por desarrollar, en especial, en el campo del medio ambiente.

Joven emprendió negocio con venta de lechugas orgánicas
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BATALLA CONSTANTE

Nuestras madres suelen decirnos que la necesidad saca lo mejor de cada persona. Esto ocurrió con Ronaldo. En 2020, año que cambió para siempre la vida del mundo entero a causa de la pandemia por el Covid-19, el futuro ingeniero ambiental trabajaba como ayudante de una panadería en Villa El Salvador. Ya llevaba seis años en el puesto y se había vuelto un experto preparando y horneando todo tipo de panes como francés, ciabatta y yema, entre otros más.

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Trabajaba en ese lugar por la facilidad de los horarios. En ese momento, cursaba el séptimo ciclo de la carrera y para él era necesario invertir sus horas libres en repasar más sobre ecología, química, desarrollo sostenible, microbiología y otras materias. Por eso continuaba en ese puesto. Ronaldo trabajaba en el turno tarde y dejaba todo listo para hornear los panes en la madrugada.

Las noticias sobre la pandemia eran de todos los días. Fue por el mes de marzo que el entonces presidente Martín Vizcarra ordenó la inmovilización social obligatoria a nivel nacional tras detectarse el primer caso confirmado de coronavirus en el país. No había autos particulares ni transporte público, y los militares patrullaban todo el día. Para empeorar aún más la situación, le informaron que la panadería iba a cerrar. El tema era complicado porque nadie podía salir a la calle, no había ingresos y las deudas empezaban a acumularse. Sin trabajo y con las clases universitarias suspendidas en ese momento, a Ronaldo se le ocurrió una idea que no solo cambiaría su vida, sino la de su propia familia.

PROYECTO ORGÁNICO

Recordó que antes de la pandemia estaba planeando emprender y aplicar lo que estaba estudiando. Entonces decidió implementar en el techo de su casa un sistema hidropónico (técnica de cultivo que se desarrolla en espacios cerrados) para vender lechugas orgánicas vía delivery en Villa El Salvador. Con los pocos ahorros que tenía y con ayuda de un tío y su primo, instaló un caballete, varios tubos de PBC y una bomba eléctrica. Además, compró soluciones nutritivas y semillas. Con todo este material empezó a sembrar sus primeras lechugas orgánicas.

“Este sistema hace que produzcamos nuestros propios alimentos frescos, ricos, saludables y libres de insecticidas. Además, nos permite ahorrar hasta un 95% de agua. Estos espacios son ideales para azoteas, techos y lugares reducidos, entre otros”, contó el pujante emprendedor.

Empezó ofreciendo sus lechugas por Facebook y, en poco tiempo, sus vecinos empezaron a correr la voz de que él vendía hortalizas saludables y económicas. Ofrecía a S/ 2 la unidad y S/1.50 al por mayor, en ese tiempo. Así nació Hidroponía Villa Fresh, un espacio donde sus vecinos, bodegas, minimarkets y hasta mercados podían conseguir lechugas orgánicas. Hoy, después de un año, su producción ha aumentado considerablemente. Ha llegado a vender más de 240 lechugas del tipo crespa y seda cada dos meses, porque ese es el tiempo que cosecha en este sistema de cultivo.

Joven emprendió negocio con venta de lechugas orgánicas
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Actualmente, produce una línea de hortalizas orgánicas, como lechugas, albahaca, espinaca, col y culantro. Por el momento, su emprendimiento está camino a la formalización, pues él considera que es importante trabajar con las reglas claras. Bravo Fernández está reuniendo capital para comprar un terreno en Villa El Salvador y poder construir un invernadero hidropónico, que tenga la capacidad de producir 20 mil plantas mensuales.

“El sistema hidropónico te permite monetizar y ha sido muy aceptado durante la pandemia. Nosotros cuando vamos al mercado no sabemos qué manos ha tocado el producto, pero con este emprendimiento ya sabemos de dónde viene y cómo podemos cultivarlo para así ganar una platita”, explica el futuro ingeniero ambiental.

Ahora con esta nueva experiencia también ha podido desarrollar asesorías y clases para que otras personas puedan instalar un sistema hidropónico en sus hogares. Pero, además, ha logrado trabajar con una ONG para el desarrollo de este sistema en asentamientos humanos para que dichas familias puedan producir sus propios alimentos y, si es posible, también lo vean como una forma de negocio para que mejoren su calidad de vida. Como la del propio Ronaldo, que, gracias a la venta de lechugas orgánicas, ha podido costear su carrera de inglés. Él sabe que aún le aguarda un futuro maravilloso y que podrá lograrlo con su esfuerzo.

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