POR: MIGUEL RAMÍREZ / PERIODISTA DE INVESTIGACIÓN

Ya instalado en su nuevo reclusorio del penal de Ancón,pretende que su conviviente, María Laura Salaverry Banda (50), lo visite dos veces por semana durante tres horas seguidas.

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El ‘Doc’ tiene la bala de plata para gozar de ese privilegio que no lo tiene ningún preso del país: en junio del año 2017, una sala de la Corte Superior de Ventanilla le autorizó ese permiso, pese a su condición de preso de alta peligrosidad.

Pocos saben que aquella petición originó una trifulca entre el una jueza de primera instancia, la Sala Penal Nacional y la Primera Sala de Apelaciones de Ventanilla. El caso se resolvió con una inusitada rapidez a su favor.

LAS MOVIDAS

Todo empezó el 15 de marzo del 2016 cuando la celda de Montesinos en la Base Naval del Callao se inundó y se le tuvo que trasladar al penal de Ancón. Un año después, el 22 de marzo del 2017, Montesinos le pidió al director del penal, John Fernández, que permitiera el ingreso de su conviviente María Laura Salaverry.

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Fernández envió la solicitud a sus superiores, pero como el trámite demoraba, Montesinos –fiel a su estilo- lo empapeló y presentó un hábeas corpus. Argumentó que era víctima de ‘maltratos crueles por no permitirle la visita de su pareja sentimental’.

Una jueza rechazó el reclamo. Montesinos apeló y la denuncia pasó al Colegiado ‘B’ de la Sala Penal Nacional, que le dio la razón. Pero mientras las autoridades penitenciarias debatían qué medidas tomar, el caso terminó en una sala judicial de Ventanilla, que confirmó el fallo.

En junio del 2017, cuando se emitió la sentencia a su favor, Montesinos ya había sido devuelto al Callao. Pero hace tres semanas, el gobierno de decidió retornarlo otra vez al penal de Ancón, esta vez para que cumpla allí el total de su condena. Hoy, el ‘Doc’ sonríe a sus anchas, pues verá a su pareja dos veces por semana, seis horas en total, como él quería. Valió la pena esperar.

¿QUIÉN ES MARÍA LAURA?

María Laura Salaverry es un antiguo amor de Montesinos, según se supo cuando cayó el régimen fujimorista. La conoció en 1993 cuando era el todopoderoso jefe del Servicio de Inteligencia Nacional (SIN). Ella apenas tenía 22 años de edad. Formaba parte de un grupo de jovencitas estudiantes de secretariado que el coronel Roberto Huamán Azcurra, el hombre de confianza de Montesinos, había captado en una academia miraflorina. Las otras eran Giovanna Castañeda y Lorena Puyó.

El ‘Doc’ se prendó de la guapa María Laura cuando se enteró de que uno de sus familiares había sido asesinado por Su relación terminó en 1997.

Es un misterio cómo Montesinos, estando preso en la Base Naval del Callao desde el año 2001, se las ingenió para volver a contactarse con María Laura. La mujer lo empezó a visitar en ese local militar desde inicios del 2015, religiosamente, los días sábados, según se determinó en el transcurso del hábeas corpus que presentó Montesinos.

Desde esa fecha hasta hoy, Montesinos nunca ha dejado de celebrar su cumpleaños, cada 22 de mayo, al lado de su pareja para rememorar sus años dorados de gloria y poder.

Lo que llama la atención es que María Laura registra sintomáticas denuncias policiales que ella misma presentó en varias comisarías de Lima Metropolitana. El 4 de febrero del 2004 denunció en la comisaría de San Isidro el robo de su teléfono celular. Dijo que el arrebato ocurrió entre las avenidas Javier Prado y Rivera Navarrete, cuando estacionó su vehículo esperando el cambio de luz del semáforo.

Al día siguiente, esta vez en la comisaría de Lince, declaró haber extraviado 2100 folios de libros contables de la empresa Santo Spirito. Dijo que se percató del olvido cuando bajó del taxi que la condujo hasta su oficina.

Y en setiembre del 2017, en la estación policial de Villa María del Triunfo, denunció que se le había perdido la placa delantera de su auto número RGZ-144. Fue infructuosa la búsqueda de este columnista para entrevistar a María Laura Salaverry.

No hay nada que hacer, la vida del siniestro Vladimiro Montesinos es digna de Netflix. Las temporadas serían interminables. Nos vemos el otro martes.

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