El maestro Antonio Gálvez Ronceros

En esta oportunidad el Búho opina sobre la brillante obra del escritor nacional Antonio Gálvez Ronceros.

Por: Redacción Trome

Este Búho tiene que agradecerle mucho a la literatura y a los libros. Nunca imaginé que un autor de 85 años como el chinchano Antonio Gálvez Ronceros haría que me una de manera muy especial con mi hija adolescente. Recuerdo que mi padre también se daba tiempo para leer y compraba libros, pero en su caso, más se orientaba a las relaciones humanas, por ejemplo, del corte del estadounidense Dale Carnegie. No me atraían sus libros. Por eso me sentí feliz cuando leyendo en mi casa la novela de Gálvez, ‘Perro con poeta en la taberna’, vi a mi hija echada en su cama con un ejemplar de ‘Monólogo desde las tinieblas’ del mismo escritor, y estaba en ese momento leyendo ese inolvidable cuento ‘¡Miera!’.

Qué maravillosa coincidencia que el colegio les hiciera leer ese libro. La primera vez que yo lo leí fue de cachimbo sanmarquino. Fue mi amiga Emperatriz la que me lo prestó, pues él era íntimo amigo de su novio, el escritor Gregorio ‘Goyo’ Martínez, ambos integrantes del grupo literario ‘Narración’. Antonio sorprendió a la crítica con este libro por cómo plasmó el hablar de los afroperuanos descendientes de los esclavos llegados de África durante la Colonia, en el que destacó su imaginación para escribir ese sabroso léxico en el papel. El relato ¡Miera! es un ejemplo de ello. Es la historia del negro don Andrés, que estaba molesto con el caporal Basaldúa porque había hablado mal de él. Quería increparle cara a cara, pero el capataz estaba en las islas de Chincha recogiendo guano y demoraba varios días.

Impaciente, decide enviarle una carta, pero como era analfabeto le pide a su hija Pastora que le redacte la misiva. Aquí es donde entra a tallar el arte del escritor y dice el cuento: ‘Patora, tú que sabe equirbí, hame una cadta pa mandásela hata la Punta e la Ila a ese caporá Basadúa (...) Ponle ahí, Patora, que su boca es una miera, que su diente esota miera... Miera esa mula que monta....’. El hombre le hace escribir a su hija un montón de ‘mieras’ más.

Luego, don Andrés le dice que le lea lo que le dictó. Y el cuento finaliza así: ‘Cuando la hija acabó de leer, don Andrés tenía un gesto de duda como si ya no confiara del todo en sus propias palabras. -Oye, Patora -dijo finalmente -, quítale un poco e miera a ese papé’.

‘Monólogo desde las tinieblas’ fue publicado en 1975 y fue el segundo de una producción de cinco libros de cuentos. Considerado como uno de los mejores cuentistas peruanos junto a Abraham Valdelomar y Julio Ramón Ribeyro, el autor octogenario decidió este año lanzarse a las procelosas aguas de la novela. El chinchano ya lo había adelantado desde hace tiempo en conversaciones entre amigos y discípulos, quienes se sorprendieron cuando también anunció que en ella no iba a jugar con el hablar de los negros del campo del ‘sur chico’. Presentó una novela corta, una ‘nouvelle’, y creo que hizo bien, porque el lector puede disfrutar en letras grandes de una pieza escrita con una exquisita técnica narrativa, con diálogos justos y puntuales perfectamente encajados. Una construcción exacta. Truman Capote escribió sus más perfectos relatos en su último libro, ‘Música para camaleones’ y en él ‘derramó’ toda su sabiduría y su conocimiento del manejo del lenguaje, en piezas intencionalmente cortas, para no malgastar palabras.

En esta obra está presente su universo narrativo, pero también se expande aún más. Se desmarca del gran ‘Monólogo desde las tinieblas’ y lo lleva al frío Huancayo, pero la característica de un estilo propio sigue incólume. El humor, la sátira, el sarcasmo, la burla. Incluso diría que más pulida. Todo ese andamiaje golpea de manera fina y elegante a quienes encarnan etiquetados poetas, pintores, dramaturgos o narradores, los pedestales soberbios, las cofradías de pretenciosos y ridículos. Siendo la estupidez parte de la condición humana, no debe sorprender que sea un perro quien le cante sus verdades a un imberbe. Quienes son fieles seguidores de su obra no se sorprenden de que un can sea el protagonista, el que conversa y destila jocosas historias.

En su anterior libro, ‘La casa apartada’, en el cuento ‘Un perro en la noche’, el can defiende la casa de su dueña de unos ladrones y muerde y mutila el pene de uno de los asaltantes. Llega con el miembro en la boca y su ama lo flagela salvajemente. En esos momentos cualquiera pensaría que el animal morderá a su dueña, pero sorprendentemente grita ‘¡vieja de mierda!’. No me extraña que ‘Perro con poeta en la taberna’ haya sido uno de los libros más vendidos en la Feria del Libro, con el que el recordado docente sanmarquino nos lega una novela rica como su vida misma. Un libro ideal para leerlo apaciblemente en una apartada taberna, brindando a nombre del autor. ¡Salud, maestro! Apago el televisor.

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