Mr. Chipi cuenta un anécdota imperdible de dos crack  de Alianza Lima (Foto: GEC)
Mr. Chipi cuenta un anécdota imperdible de dos crack de Alianza Lima (Foto: GEC)

y tienen una amistad que supera los 50 años. Los delanteros se conocieron en la infancia y, desde chicos, compartieron el sueño de jugar en . Un día ese sueño se hizo realidad y fueron llamados a entrenar entrenar con los victorianos, donde vivirían divertidas anécdotas. Pero hay una en particular que te contaremos hoy. ¡Imperdible!

Franco Navarro llegó con cuatro años a Puente Piedra y ahí conoció a Eugenio La Rosa, rápidamente congeniaron y empezaron a ‘caminar’ juntos. El fútbol era la gran pasión de ambos y compartían equipo, después en liga, cada uno vistió diferente camiseta. Sin embargo, la relación siempre fue de las mejores. Por eso un día el menor del clan La Rosa, le comentó a su amigo que estaban probando jugadores en Club Alianza Lima y sin pedir recomendación de sus hermanos se presentaron en el estado victoriano para pasar la prueba.

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El ‘CholoCastillo, que tenía un ojo clínico para detectar a los chicos con condiciones, no necesitó mucho tiempo para darse cuenta que a sus manos habían llegado dos futuros cracks. “Están aprobados, se quedan. A partir de la otra semana tienen que venir todos los días por la tarde”, les dijo el exitoso formador blanquiazul. La economía en el hogares de Franco y Eugenio no era de las mejores y sólo tenían un sol para el pasaje de ida y vuelta. Por eso tomaban un bus en Puente Piedra que los dejaba cerca al Congreso de la República y desde ahí caminaban hasta Matute.

Franco Navarro brilló en Deportivo Municipal. (GEC Archivo Histórico)
Franco Navarro brilló en Deportivo Municipal. (GEC Archivo Histórico)

LA ‘PALOMILLADA’

Esa era la rutina cinco días a la semana y como eran chicos, con ganas de salir adelante, no sentían las largas caminatas. Pero las prácticas eran muy exigentes y casi siempre la barriga hacía ruidos. Un día ‘Chispeao’ y el ‘Pepón’ regresaban de los entrenamientos muy cansados, el ‘Cholo’ los había exprimido durante casi dos horas y se morían de sed. En el Parque Universitario vieron una señora que vendía refrescos de colores. A Eugenio se le prendió el ‘foquito’, se acercó a su amigo y le dijo. “Vamos a pedir dos vasos. Tomas rápido y como tú eres ‘lenteja’ empiezas a caminar, yo haré la finta que pago, pero cuando te aviso, empezamos a correr”. El plan salió perfecto y en el micro se fueron comentando la viveza.

LLEGÓ EL ÉXITO

Un par de veces más hicieron la misma jugada misma jugada. Había que cambiar de caserito y la víctima fue un vendedor de fruta muy cerca al ‘Alejandro Villanueva′. La dupla cogía un par de plátanos o manzanas y salían corriendo. “Van a ver cuándo los chape”, les gritaba el frutero.

Con el tiempo, las cosas empezaron a mejorar para ambos y el primero en conseguir equipo profesional fue Franco Navarro. El ‘pepón’ firmó su primer contrato con Club Deportivo Municipal y con parte de la prima que le dieron compró un Toyota Célica, uno de los autos deportivos que daban la hora a fines de los años 70. Una tarde los amigos ‘palomillas’ como cuando eran chicos y al edil se le ocurrió que había llegado el momento de planchar viejas arrugas.

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LA GRATITUD

Subieron al carro y fueron primero donde la vendedora de jugo del Parque Universitario. Franco ya había anotado algunos goles con la franja y era conocido, por eso cuando cuadró su carro a lado del puesto de ‘la tía del jugo’, los chicos se le acercaron. La señora lo miró y no lo reconoció, pero el ‘Pepón’ le hizo acordar sus travesuras con ‘Chispeao’ y, antes que la doña diga algo, sacó un billete grueso y le dijo: “cóbrese con intereses lo que no pagamos en su día...”. La comerciante se sorprendió y respondió: “no me debes tanto, además si mis jugos te sirvieron para llegar, me alegro”.

Faltaba el puesto de frutas de la Victoria. Ahí la bienvenida no fue tan buena. Antes que los de Puente Piedra metieran letra, los ‘parcharon’. “Ya se estaban demorando en venir a pagar lo que debían”, les dijeron unos morenos agarrados que nunca los alcanzaron cuando escapaban con la fruta. Navarro no replicó, de la billetera sacó un par de billetes y todos quedaron felices.

Ambos llegaron a la selección peruana y jugaron en el extranjero, hoy por la pandemia no se frecuentan como antes, pero están conectados en el grupo de WhatsApp y hasta se comunican por zoom repasando anécdotas de mejores épocas.

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