Los 'Expedientes secretos V' cuentan una historia imperdible (Imagen: Trome)
Los 'Expedientes secretos V' cuentan una historia imperdible (Imagen: Trome)

Hola, soy Víctor Reyes, ‘Vitito’ para el mundo. Nunca fui goleador en mi carrera profesional, pero cuando anoté en la ‘selva de cemento’ me sacaron en andas. Cuando calentaba la pólvora, ‘mojaba’ más que y Gianluca Lapadula juntos. La historia de hoy en los ocurrió cuando jugué en mi querido y sin querer me metí en un problemón.

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Mujeriego, tramposo, infiel, quien no es podrido, pierde a su mujer. NADIE es sano. Léalo bien y grábelo en su disco duro. El pasado domingo miraba la televisión, en mi cuartel de invierno, y vi el reportaje de un expresidente del Perú con unos chats comprometedores. Mis recuerdos volaron a mi época de futbolista cuando hacía travesuras propias de un jovenzuelo que quiere vivir la vida loca.

Yo no creo en compadres, amigos del alma y la propia familia. A todos se les van los ojos. Y mucho menos en los intermediarios, chasquis y alcahuetes. Les voy a narrar cómo, sin querer queriendo, derrumbé un ‘castillo’ de ilusiones. En 1984, el profesor Lucho Roth me vio en un partido interescolar y me convocó a la selección juvenil. Allí conocí a Luis ‘Potrillo’ Escobar y Daniel Reyes, señores personajes y de aquellos. Ambos me convencieron para que juegue por Alianza Lima. Me llevaron con el ‘Cholo’, que en ‘one’ me aceptó.

Vitito en una recreación para diario Trome (Foto: GEC)
Vitito en una recreación para diario Trome (Foto: GEC)

ME PRESENTARON A ‘CASTILLO’

Vivía en la ‘Villa íntima’ y, en los entrenamientos, conocí al hijo del entrenador que daba sus primeras charlas técnicas y dibujaba sus flechitas en la pizarra. Nos hicimos patazas y me comentaba sus locas aventuras. Yo, de 18 años, mocoso, máquina nueva, y a pesar de estar con toda la adrenalina, no sabía nada de la malicia de Lima. El hombre me contó que salía con una mujer separada que vivía frente al estadio de Matute. En esos tiempos, no había celulares, mucho menos WhatsApp, Facebook ni Instagram.

Yo era el encargado de llevarle los recaditos a la tía, que tenía un hijo. En otras palabras, me ‘utilizaba’ para pactar sus citas. La señora, de 32 años, aún tenía sus cositas, bien conservada, con figura llamativa y belleza madura. De tanto ir a verla, ella me miraba con otros ojos. Y la firme que yo también empecé a hacer lo mismo. Me invitaba algún dulce o platito de comida. Atacó por el estómago.

Una tarde llegué y me sorprendió: Vamos a conversar a otro lado, en un lugar más íntimo. Acá no hay privacidad, está mi hijo y puede aparecer su papá que, cuando me ve con alguien, empieza a fregar. Tengo un departamentito en la Carretera Central. Vamos para allá”. En esa época yo recién empezaba a vivir, todo ingenuo subí a su Toyota Corolla 2000 y me llevó al famoso ‘5 y ½’. Sudé más que entrenando con mi equipo. Me disfrutó y allí empezó el martirio. Se metía con su carro por la explanada norte y lo estacionaba en la puerta de mi cuarto. Se internaba de noche, salía en la mañana y dejaba la ‘nave’. Entrenaba de día y de noche, y ya no tenía tiempo para descansar.

FUI AMPAYADO ‘CON LAS MANOS EN LA MASA’

Hasta que un día me avisaron para salir a practicar y, cuando abrí la puerta, me esperaba el ‘Cholito’. Me cazó ‘in fraganti’, con las manos en la masa. Literalmente. Asumió su derrota. No hizo problemas ni se arañó conmigo. Eres un muchachito, ella es mayor y puede dejarte sin piernas. Ten mucho cuidado, me advirtió. Fue la primera y única vez que sentí vergüenza al arranchar un material. Me sentí mal por ser ‘partidor’. Aunque después vendría lo peor.

La ‘doña’ empezó a marcarme a presión. Si estaba ‘liquidando’ en ‘Renovación’, aparecía. Si me iba al barrio de Daniel Reyes, en el Callao, me sacaba. Me decía delante de todos: ‘Si ellos se quieren perder, es su problema. Tú no frustres tu futuro’. Los potrillos ‘finaditos’ me vacilaban: “Vitito, llegó tu mamita a buscarte”. Lo peor de todo es que me llevaba a un hotel y me exigía toda la madrugada. No sé para qué me aconsejaba que cuide mi físico si al final ella se lo llevaba todo. Estaba loco, rogaba a Dios que se desencantara de mí, pero mi dignidad de varón me impedía quedar mal y siempre daba lo mejor.

ME QUISIERON LLEVAR A ‘GRINGOLANDIA’

Hasta que se me presentó la ayuda divina. Su marido, el oficial, se enteró de sus travesuras y quiso quitarle a su hijo. Entonces ella acudió a la Embajada de Estados Unidos y le dieron visa junto a su pequeño. Me buscó, me rogó que la acompañe, que allá me iba a mantener, que podíamos tener un futuro juntos y tantas cosas más que se dicen en nombre del amor. Le repliqué que mi pasión por la pelota supera a mi sentimiento por cualquier mujer.

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Nos despedimos llorando: ella de pena y yo, de emoción por sacarme un problemón de encima. Creo que elegí bien. El balompié ganó un buen futbolista y la tramposería también. Yo afano solo, me mando solo y me jodo solo. A mí nadie me viene con cuentos ni me pintan un ‘castillo’ de ilusión. Con el tiempo me convertí en profesional, de la pelota y la infidelidad. Pero esas cosas pertenecen a otro ‘Expediente V’. Nos vemos el próximo jueves…

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